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MENSAJE DE NAVIDAD

22 diciembre, 2009 marcos 0
EL ÁRBOL Y EL NIÑO


El árbol de Navidad ya está iluminado y cubierto de decoraciones brillantes que son como otros tantos frutos maravillosos. Este árbol ha dejado su ropa oscura por una explosión luminosa. Ha sido transfigurado, convirtiéndose en portador de una luz que no es la suya sino que da testimonio de la verdadera Luz que viene a este mundo. Evoca así las palabras proféticas de Isaías: “el pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en un país de sombras ha brillado una luz” (Is 9,1).
El destino de este árbol es comparable al de los pastores, quienes velando en las tinieblas de la noche, fueron iluminados por el mensaje de los ángeles. Este árbol manifiesta, a su manera, la presencia del gran misterio presente entre nosotros: “porque un Niño nos ha nacido; un Hijo nos ha sido dado (…)”, como dijo también el profeta (Is 9,5).
A los habitantes de nuestra ciudad, y a todos los que pasan, el árbol de Navidad les proclama la venida del Hijo de Dios. Y a través de él, la fe de las comunidades cristianas de nuestra Región saludan al Niño-Dios, cuyos nombres anunciados son: “Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz” (Is 9,5).

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ORDENACIÓN SACERDOTAL

15 diciembre, 2009 marcos 0

SEBASTIAN SPLAWINSKI «Por la gracia de Dios soy lo que soy» (1 Cor. 15, 10).   Sábado 19 de Diciembre 21 hs.Frente al templo parroquial […]

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Feliz Adviento!!!

7 diciembre, 2009 marcos 0
¿Qué significa vivir el Adviento?

El Adviento es estar atentos al Señor que viene.
No es simplemente un momento del Año Litúrgico.
¡¡¡ Es un tiempo de esperanza !!!

“¡Estar despiertos y vigilantes!”
No es una amenaza.  Es una Exhortación.
Es una actitud que abarca e ilumina toda la vida del cristiano.

Es un mirar a Jesús que vino en la historia para enseñarnos
a vivir humana y  divinamente.
Que viene en cada pobre y necesitado y vendrá al final
de los tiempos como Él nos prometió.

Cada uno sabe cuáles son sus “excesos”.
Ya es hora de despertarnos  de nuestra apatía,
nuestra indolencia, y es preciso luchar con más decisión
y arranquemos de raíz todo aquello que puede desagradar al Señor que viene.