Catequesis V: formación para la misión (Documento Final del Sínodo)

TAMBIÉN YO LOS ENVÍO

Quinto Domingo de Cuaresma

 

Para concluir, el texto elegido es claramente misionero: “Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo» (Jn 20,21-22)”. En el cenáculo comienza la nueva creación, comienza el caminar del Pueblo de discípulos misioneros. Somos enviados, como Pueblo de Dios, a proclamar las maravillas de Dios a todos, especialmente a los pobres.

  1. Formación

Llama la atención que el documento, con este título misionero, dedique tanto espacio a la reflexión acerca de la formación. Parece que la formación es la toma de conciencia que necesitamos para la misión, o el sustento que necesitamos para que la misión sea más vigorosa y consistente.

Se retoma la descripción de la interrelación de los sacramentos de iniciación cristiana y su actualidad permanente. Ellos son la base para la gestación de una identidad cristiana sólida y abierta.

La Eucaristía dominical es el punto de inflexión de todo el proceso de formación cristiana. En ella la comunidad revive el encuentro con Jesús resucitado y renueva su Bautismo y Confirmación. Para muchos cristianos es el momento fundamental de la semana, donde se resuelven aspectos claves de sus vidas. Otros no logran descubrir este tesoro.

Partiendo de la Eucaristía, la formación de los discípulos misioneros para estos tiempos es fundamental. Es elocuente el documento cuando afirma: “…ES PRECISO QUE la formación sea integral, continua y compartida. Su finalidad no es sólo la adquisición de conocimientos teóricos, sino la promoción de la capacidad de apertura y encuentro, de compartir y colaborar, de reflexión y discernimiento en común, de lectura teológica de las experiencias concretas.

Asumidas estas afirmaciones contundentes, se enumeran varias herramientas a tener en cuenta para una formación sólida: revisar la catequesis como itinerario de formación permanente, la catequesis en espacios de piedad popular, las universidades y centros de formación de consagrados y laicos, los seminarios y la formación permanente del clero.

  1. Tutela de los más vulnerables

Otro aspecto que se debe considerar con mucha atención es la tutela y el cuidado de los menores y personas vulnerables en ambientes eclesiales. Nuestras comunidades tienen que ser lugares seguros. Y es imperativo implementar herramientas que aseguren este propósito.

En esta línea, la acogida y el apoyo a las víctimas debe ser una prioridad, llevado a cabo por personas preparadas y competentes.

Otros temas como el cuidado de la casa común, la promoción de la paz y la justicia, el diálogo intercultural y religioso deben ser difundidos en los ambientes cristianos.

  1. Un banquete para todos

En el capítulo sexto, muy breve, se concluye con la figura del banquete abierto a todos, invitando a ser una Iglesia donde todos puedan gozar de los bienes de la salvación que el Señor nos ofrece. En la variedad de símbolos que aparecen en el texto, la figura del banquete resalta claramente el espíritu de comunión y apertura que anima todo el texto.

  1. Para profundizar

¿Qué sentido tiene la Eucaristía Dominical en mi caminar como cristiano?

¿Qué valor le doy a la formación permanente en mi condición de laico, consagrado/a, diácono, sacerdote?

¿Qué instrumentos me ayudan a la formación? ¿Qué nos estaría faltando en este punto?

¿Ha crecido en nosotros y en nuestra Iglesia la conciencia de generar espacios de cuidado y protección de los más vulnerables?

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