Con ocasión de la conmemoración de San Cayetano, una devoción tan sentida en nuestro país y en nuestra zona, la Pastoral Social Diocesana, junto a nuestro obispo, nos invitan a contemplar su figura y reflexionar sobre una particularidad de su imagen, considerando que el tema sugerido es muy sensible al contexto que nos toca vivir.
“La madre nos ha entregado a su hijo para protegerlo”
Cada 7 de agosto, como pueblo, nos acercamos a San Cayetano para rogarle por Pan, Paz y Trabajo.
Como pueblo que camina en esta parte del Norte Santafesino este año, junto con la súplica de trabajo y dignidad para todos, queremos fijar nuestra mirada en un detalle no menor de la imagen de Cayetano: Él está sosteniendo en sus brazos al Niño Dios.
La historia cuenta que varias veces la Virgen Madre, se le apareció al santo y le entrego a su hijo para que lo cuidada, lo protegiera.
María confió a Jesús a San Cayetano y hoy también lo sigue haciendo con nosotros como pueblo; ella lo deposita en nuestros brazos para que lo cuidemos, para que lo recibamos.
La niñez, adolescencia y juventud, hoy se encuentra en situaciones de vulnerabilidad extremas y esto lo palpamos, con el corazón y con el cuero que nunca miente.
Los niños, adolescentes y jóvenes que sufren de desnutrición, déficit de atención, enfermedades que han vuelto y que estaban erradicadas; también aquellos que desamparados de toda ayuda para que crezcan con dignidad en el seno familiar, terminan muchas veces judicializados o engullidos en un sistema que no siempre responde con eficiencia.
Los adolescentes y jóvenes sufren la violencia del “bullying”, especialmente en los ámbitos escolares, y la violencia que se da en muchos hogares.
La presencia de la droga en nuestras ciudades, barrios, y comunidades, termina destruyendo la vida de las personas y las familias. También se da cada vez más frecuentemente el juego de apuestas online, como otra forma de adicción, junto con el consumo de pornografía en épocas tempranas.
La falta de oportunidades para nuestros jóvenes que, al no ver un futuro mejor, los termina llevando a muchos de ellos a la angustia, la depresión y en los casos más extremos al suicidio.
Un estudio realizado por la UBA (Universidad de Buenos Aires), muestra que el 50 % de los jóvenes en Argentina están en situación de vulnerabilidad; un tercio de ese porcentaje entran dentro de la categoría de los llamados “ni, ni, ni”, es decir, ni estudian, ni trabajan, ni buscan trabajo, porque no ven ninguna clase de salida o futuro en sus vidas.
El Observatorio de la deuda social de la UCA, plantea que, en las personas en situación de calle, especialmente en los adolescentes y jóvenes, se da una “ecología del estrés”, es decir, una apatía y pérdida de interés, una desesperanza aprendida, un dejar de intentar salir de la situación en la que se encuentran, aprenden a sentir menos para sobrevivir, pensar solo en el corto plazo, vivir en un presente continuo, sin perspectivas de futuro o esperanza.
Todas estas situaciones y muchas otras, nos muestran una realidad cada vez más compleja, y más sombría que sufren las familias, especialmente las más pobres.
El aumento de la desigualdad social y de la pobreza afecta a todos, ya no es una realidad que sufren solo algunos; no se puede tapar el sol con las manos. Es necesario hoy más que nunca juntarnos, aunar esfuerzos, tomar a nuestros niños, adolescentes y jóvenes en brazos y caminar juntos.
Estamos llamados toda la sociedad, todos sus líderes, todos los trabajadores, todas las instituciones, especialmente las del Estado, todos los ciudadanos, a reaccionar de manera urgente y con firmeza en la protección de aquellos, que son el futuro de nuestra Argentina y de nuestro Norte Santafesino.
Mantenernos al margen o indiferentes, ante estas realidades que vemos a diario, nos acerca peligrosamente a una tibieza orgullosa y descomprometida.
Al mirar a San Cayetano, este 7 de agosto, que nuestra oración no solo sea por pan, paz y trabajo, sino por lo más precioso que poseemos: nuestros hijos, nuestros niños, adolescentes y jóvenes.
Que nuestra oración en este día, se convierta también en grito de reclamo, así como el pueblo de Dios lo hizo en tiempos del faraón: “He visto la opresión de mí pueblo y he oído sus gritos de dolor y he bajado a liberarlos” (Ex 3, 7-8).
San Cayetano, ruega por nosotros y especialmente danos coraje para luchar por todos nuestros niños, adolescentes y jóvenes, que son el futuro de nuestra patria.
Reconquista, 7 de agosto de 2026.
COMISIÓN DIOCESANA OBISPADO DE RECONQUISTA
DE PASTORAL SOCIAL