El Concilio Vaticano II dio un gran impulso al descubrimiento de la Palabra de Dios. Desde él, los sucesivos Pontífices han seguido la huella marcada por la constitución Dei Verbum y han acentuado la importancia de la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia.
El papa Francisco, en la exhortación Evangelii Gaudium, afirma que “toda la evangelización está fundada sobre la Palabra de Dios escuchada, meditada, vivida, celebrada y testimoniada” (EG 174). Al concluir el Jubileo extraordinario de la misericordia, año 2013, nos dijo: “Deseo vivamente que la Palabra de Dios se celebre, se conozca y se difunda cada vez más, para que nos ayude a comprender mejor el misterio del amor que brota de esta fuente de misericordia…” y pidió que se pensara en “un domingo dedicado enteramente a la Palabra de Dios para comprender la inagotable riqueza que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo” (Misericordia et misera, 7).
Es así, como por iniciativa del Papa, el tercer domingo del tiempo ordinario de cada año, está dedicado a la Palabra de Dios. Para recordarnos la importancia que Ella tiene para la fe del Pueblo que quiere caminar a la luz del Dios vivo que lo busca y le habla.
Animémonos, no solo a dedicarle un tiempo de oración y meditación, sino también a que Ella, ocupe un lugar especial en nuestra vida; que a partir de este domingo 24 de enero, la Palabra de Dios tenga en nuestros hogares, un altar para que sea leída, escuchada y meditada de modo personal o en familia.
Que San José, nos enseñe y ayude con su intercesión a escucharla, meditarla, vivirla, celebrarla y testimoniarla cada día.