Mensaje de Navidad 2011
Como una vela encendida
La Navidad es “una cascada de luz” como dijo PP Benedicto XVI de los jóvenes. Navidad da visibilidad a la presencia de Dios en el mundo, a la presencia de María, Madre de Dios, a la fe que compartimos en nuestras tierras. Es la fiesta que anualmente nos hace sentir la alegría de creer y de compartir, con el intercambio de dones y de regalos.
Muchas veces, sobre todos los jóvenes se sienten aislados también en su ambiente, y en el mundo, casi perdidos. En estas fiestas, hay algo que nos hace reconocernos cercanos; sentirnos que no estamos solos. Descubrimos una red, una comunidad, que irradia paz y serenidad que nos hace decir: es hermoso vivir. Parece así más cierto que Dios nos ama y que esa es la razón de su estar y de su andar con los hombres. Y esta verdad da sentido a todo lo demás. No somos fruto de la casualidad o de algo irracional, sino que en el origen de nuestra existencia hay una fuente de Vida y de Amor.
Vivir de esta fe nos abre a los otros, que son también personas amadas por Dios. Por eso aún en medio de contrariedades y sufrimientos encontramos el motivo del gozo y de la alegría. La fe no se opone a nuestros ideales más altos; al contrario, los exalta y los perfecciona. La fe nos hace amigos, y une a nuestra ciudad, nuestra región, nuestro mundo con el Dios de Belén que anidó en nuestra historia. En primer lugar los creyentes estamos desafiados y animados al testimonio de nuestra fe. Nuestro mundo necesita a Dios, el testimonio de un Dios cercano y amigo de los hombres. Benedicto XVI, decía a los jóvenes de Alemania, en septiembre de 2011:
“En la historia, algunos han señalado que el daño a la Iglesia no lo provocan sus adversarios, sino los cristianos mediocres. También hoy predominan formas de mal, que pueden envolvernos como una niebla difusa, como la pereza, la lentitud en querer el bien, y lentitud de hacer el bien. (…) Una vela puede dar luz solamente si la llama la consume. Sería inservible si su cera no alimentase el fuego.
(Por eso) Que Cristo brille y arda en todos nosotros, aun cuando ello comporte a veces sacrificio y renuncia. No temamos perder algo; no temamos quedarnos con las manos vacías. Tengamos la valentía de usar nuestros talentos y nuestros dones al servicio del Reino de Dios y de entregarnos nosotros mismos, como la cera de la vela, para que el Señor ilumine la oscuridad a través de nosotros”.
Que el Niño de Belén no dé el coraje de ser cristianos (santos como decía Pablo a los primeros cristianos) que iluminan y brillan, y en cuyos ojos y corazones reluce el amor de Jesús, llevando en sí mismos la luz al mundo, porque Él nos dijo: “Ustedes son la luz del mundo”.
María, Madre de la alegría y de la Luz nos ayuda a irradiar la alegría cristiana en esta Navidad.
María, Madre de la Vida nos hace testigos de la vida que agradecemos, que valoramos en su dignidad para todos, y que en estas fiestas especialmente celebramos.
María nos ayuda a ser Iglesia familia, junto a tantos hombres y mujeres de buena voluntad presente y operante en nuestra región como llamas vivas de esperanza.
Mons. Ramón Alfredo Dus
Obispo de Reconquista (Santa Fe).
Sede Episcopal, 22 de diciembre de 2011.