{"id":72,"date":"2009-06-09T14:31:03","date_gmt":"2009-06-09T14:31:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/homilia-asamblea-diocesana-de-pastoral-2009\/"},"modified":"2009-06-09T14:31:03","modified_gmt":"2009-06-09T14:31:03","slug":"homilia-asamblea-diocesana-de-pastoral-2009","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/homilia-asamblea-diocesana-de-pastoral-2009\/","title":{"rendered":"Homil\u00eda Asamblea Diocesana de Pastoral 2009"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<div align=\"center\"><u><strong>LA IGLESIA, LA CASA DE LA PALABRA<\/strong><\/u><\/div>\n<p><\/p>\n<div align=\"justify\"><em>\u201cComo la Sabidur\u00eda divina en el Antiguo Testamento, hab\u00eda edificado su casa en la ciudad de los hombres y de las mujeres, sosteni\u00e9ndola sobre sus siete columnas (cf. Pr 9, 1), tambi\u00e9n la Palabra de Dios tiene una casa en el Nuevo Testamento: es la Iglesia que posee su modelo en la comunidad-madre de Jerusal\u00e9n, la Iglesia, fundada sobre Pedro y los ap\u00f3stoles y que hoy, a trav\u00e9s de los obispos en comuni\u00f3n con el sucesor de Pedro, sigue siendo garante, animadora e int\u00e9rprete de la Palabra (cf. LG 13).<br \/>Lucas, en los Hechos de los Ap\u00f3stoles (2, 42), esboza su arquitectura basada sobre cuatro columnas ideales: \u00abTodos se reun\u00edan asiduamente para escuchar la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles y participar en la vida com\u00fan, en la fracci\u00f3n del pan, y en las oraciones\u00bb (Mensaje al Pueblo de Dios del S\u00ednodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios, III, 24\/10\/2008).<\/em><\/p>\n<p><strong>A. La ense\u00f1anza de los Ap\u00f3stoles<\/strong> <br \/>En primer lugar, esto es la\u00a0 ense\u00f1anza apost\u00f3lica (didach\u00e9), es decir, la predicaci\u00f3n de la Palabra de Dios. El ap\u00f3stol Pablo afirma que \u00abla fe &#8230;nace de la predicaci\u00f3n y la predicaci\u00f3n se realiza en virtud de la Palabra de Cristo\u00bb (Rm 10, 17). <br \/>Desde la comuni\u00f3n eclesial sale la voz del mensajero que propone a todos el k\u00e9rygma, ese anuncio primario y fundamental con el cual Jes\u00fas comenz\u00f3 su ministerio p\u00fablico: \u00abel tiempo se ha cumplido, el reino de Dios est\u00e1 cerca. (Arrepent\u00edos! Y creed en el Evangelio\u00bb (Mc 1, 15). Y todo disc\u00edpulo misionero, como los ap\u00f3stoles, anuncia desde la Iglesia la inauguraci\u00f3n del Reino de Dios, que significa la decisiva intervenci\u00f3n divina en la historia humana con la muerte y la resurrecci\u00f3n de Cristo: \u00abEn ning\u00fan otro hay salvaci\u00f3n, ni existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos salvarnos\u00bb (Hch 4, 12). Y todo creyente puede dar por esto testimonio de su esperanza de vida, que surge siempre actual de su experiencia personal con Cristo vivo. <br \/>Con la misma la catequesis profundizamos \u00abel misterio de Cristo a la luz de la Palabra para que todo el hombre sea irradiado por ella\u00bb (Juan Pablo II, Catechesi tradendae, 20). Pero el momento culminante del encuentro con la Palabra de Dios a\u00fan hoy, para muchos cristianos, es\u00a0 la homil\u00eda en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica. En este acto, el ministro deber\u00eda transformarse tambi\u00e9n en profeta. \u00c9l debe con un lenguaje n\u00edtido, incisivo y sustancial y no s\u00f3lo con autoridad \u00abanunciar las maravillosas obras de Dios en la historia de la salvaci\u00f3n\u00bb (SC 35). Pero tambi\u00e9n todo disc\u00edpulo misionero, a trav\u00e9s de una clara y viva lectura del texto b\u00edblico propuesto por la liturgia \u2013 tambi\u00e9n debe actualizar seg\u00fan los tiempos y momentos vividos por los oyentes, haciendo germinar en sus corazones la pregunta para la conversi\u00f3n y para el compromiso: \u00ab\u00bfqu\u00e9 tenemos que hacer?\u00bb (He 2, 37).<br \/>El anuncio, la catequesis y la predicaci\u00f3n suponen, por lo tanto, la capacidad de leer y de comprender, de explicar e interpretar, la Palabra de Dios implicando la mente y el coraz\u00f3n. El card. Ratzinger, dec\u00eda a\u00f1os atr\u00e1s: \u201cLa Iglesia no es la Palabra, sino el lugar donde habita y vive la Palabra. Esto significa que la Iglesia est\u00e1 obligada a ser verdaderamente espacio de vida y no espacio de muerte de la Palabra. La Iglesia no puede permitir que la Palabra se pierda en la charlataner\u00eda de una persona cualquiera (un predicador?), que la Palabra se pierda en las palabras de los tiempos que cambian, sino la debe conservar en su inmutable identidad. Pero para que la Palabra sea conservada, la Iglesia debe vivirla, debe sufrirla. Debe someter las fuerzas vitales de una \u00e9poca al juicio de esta Palabra, pero debe poner tambi\u00e9n a disposici\u00f3n de la Palabra su nueva vida, carne y sangre humanos. Limitarse puramente a conservar, ser\u00eda soslayar el sufrimiento, y no ser\u00eda, en verdad, llevar la Palabra al tiempo presente\u201d (Id. Dogma e Predicazione, Brescia, 2000,20).<br \/>\u00a0<br \/><strong>B. La comuni\u00f3n fraterna<\/strong><br \/>La segunda columna que sostiene la Iglesia, la casa de la Palabra es la koinon\u00eda, la comuni\u00f3n fraterna, otro de los nombres del \u00e1gape, es decir, del amor cristiano. Como recordaba Jes\u00fas, para convertirse en sus hermanos o hermanas se necesita ser \u00ablos hermanos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen\u00bb (Lc 8, 21). La escucha aut\u00e9ntica es obedecer y actuar, es hacer florecer en la vida la justicia y el amor, es ofrecer tanto en la existencia como en la sociedad un testimonio en la l\u00ednea del llamado de los profetas que constantemente un\u00edan la Palabra de Dios y la vida, la fe y la rectitud, el culto y el compromiso social. Como lo advierte a Jes\u00fas en el Serm\u00f3n de la monta\u00f1a: \u00abNo todo el que me dice: \u00a1Se\u00f1or, Se\u00f1or! Entrar\u00e1 en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que est\u00e1 en los cielos\u00bb (Mt 7, 21). Como lo propon\u00eda Isa\u00edas: \u00abEste pueblo se me acerca con su boca, y con sus labios me honra, pero su coraz\u00f3n est\u00e1 lejos de m\u00ed\u00bb (29, 13). Son advertencias son para toda la Iglesia y para cada fiel, a fin de volvernos todos oyentes de la Palabra de Dios.<br \/>Por ello, \u00e9sta Palabra debe ser visible y legible ya en el rostro mismo y en las manos del creyente. El creyente justo y fiel no s\u00f3lo \u00abexplica\u00bb las Escrituras, sino que las \u00abdespliega\u00bb frente a todos como realidad viva y practicada. San Juan Cris\u00f3stomo observaba que los ap\u00f3stoles descendieron del monte de Galilea, donde hab\u00edan encontrado al Resucitado, sin ninguna tabla de piedra escrita como sucedi\u00f3 con Mois\u00e9s, ya que desde aquel momento, sus mismas vidas se convirtieron en el Evangelio viviente.<br \/>En la casa de la Palabra Divina \u2013 la Iglesia de Cristo &#8211; encontramos tambi\u00e9n a los hermanos y las hermanas de las otras Iglesias y comunidades eclesiales que, a pesar de la separaci\u00f3n que todav\u00eda hoy existe, se reencuentran con nosotros en la veneraci\u00f3n y en el amor por la Palabra de Dios, principio y fuente de una primera y verdadera unidad, aunque, incompleta. Este v\u00ednculo se refuerza siempre con la oraci\u00f3n b\u00edblica ecum\u00e9nica, el di\u00e1logo, el estudio y la comparaci\u00f3n entre las diferentes interpretaciones de las Sagradas Escrituras, el intercambio de los valores propios de las diversas tradiciones espirituales, el anuncio y el testimonio com\u00fan de la Palabra de Dios en nuestro sensible a signos de unidad. Al culminar la Semana de Oraci\u00f3n por la Unidad de los cristianos, oigamos a Benedicto XVI (21 de enero de 2007): \u201cEn verdad no somos nosotros los que hacemos u organizamos la unidad de la Iglesia. La Iglesia no se hace a s\u00ed misma, y no vive de s\u00ed misma, sino de la Palabra creadora que viene de la boca de Dios. Escuchar juntos la Palabra de Dios, practicar la lectio divina de la Biblia, que significa la lectura unida a la oraci\u00f3n, dejarse sorprender por la novedad, que jam\u00e1s envejece y que nunca se agota, la de la Palabra de Dios, superar nuestra sordera hacia aquellas palabras que van en contra de nuestros prejuicios y de nuestras opiniones, escuchar, estudiar en la comuni\u00f3n de los creyentes de todos los tiempos: todo esto constituye el camino a recorrer para alcanzar la unidad de la fe, como respuesta a la escucha de la Palabra\u201d.<\/p>\n<p><strong>C. La fracci\u00f3n del pan<\/strong> <br \/>La tercera columna de la casa de la Palabra de Dios &#8211; la Iglesia &#8211; es la fracci\u00f3n del pan. La escena de Ema\u00fas (cf. Lc 24, 13-35) es una vez m\u00e1s ejemplar y reproduce cuanto sucede cada d\u00eda en nuestras iglesias: la Palabra culmina en la Eucarist\u00eda. \u00c9ste es el momento del di\u00e1logo \u00edntimo de Dios con su pueblo, es el acto de la nueva alianza sellada con la sangre de Cristo (cf. Lc 22, 20), es la obra suprema del Verbo que se ofrece como alimento en su cuerpo inmolado, es la fuente y la cumbre de la vida y de la misi\u00f3n de la Iglesia. La narraci\u00f3n evang\u00e9lica de la \u00faltima cena, en la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, con la invocaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, se convierte en realidad y sacramento. <br \/>Hay un rol \u201csacramental\u201d (expresi\u00f3n dicha en el S\u00ednodo) en la misma liturgia de la Palabra: no se da la actualizaci\u00f3n del sacramento sin la \u201ccelebraci\u00f3n\u201d de la Palabra. Un te\u00f3logo medieval, Ruperto de Deutz, no ten\u00eda temor de sobreponer el signo de la Palabra al signo de partir el pan eucar\u00edstico: \u201cJes\u00fas tom\u00f3 el libro y lo abri\u00f3, lo cual signific\u00f3 que recibi\u00f3 de Dios toda la santa Escritura para cumplirla en s\u00ed mismo&#8230; El Se\u00f1or Jes\u00fas, por tanto, tom\u00f3 el pan de las Escrituras en sus manos cuando, encarnado seg\u00fan las Escrituras, padeci\u00f3 la pasi\u00f3n y resucit\u00f3. Es entonces cuando \u00c9l tom\u00f3 el pan en sus manos y dio gracias, cumpliendo las Escrituras, se ofreci\u00f3 a s\u00ed mismo al Padre en sacrificio de gracia y de verdad\u201d (R. De Deutz, Com. in Ev. s. Joannis, VI; PL 169,435ss.).<br \/>El Concilio Vaticano II declara que: \u00abLa Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Se\u00f1or, no dejando de tomar de la mesa (una \u00fanica mesa) y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la Palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo\u00bb (DV 21). \u00abla Liturgia de la Palabra y la Eucar\u00edstica que est\u00e1n tan \u00edntimamente unidas de tal manera que constituyen un solo acto de culto\u00bb (SC 56).<br \/>En la homil\u00eda de conclusi\u00f3n del S\u00ednodo, el papa aclar\u00f3 que \u201cel lugar privilegiado en el cual resuena la Palabra de Dios, que edifica la Iglesia, como fue dicho tantas veces en el S\u00ednodo, es sin dudas la liturgia. En ella aparece que la Biblia es el libro de un pueblo y para un pueblo; una herencia, un testamento consignado a lectores, para que actualicen en sus vidas la historia de la salvaci\u00f3n testimoniada en lo escrito. Hay por lo tanto una relaci\u00f3n de rec\u00edproca y vital pertenencia entre pueblo y libro: la Biblia permanece un Libro vivo con el pueblo, su sujeto, que lo lee; el pueblo no subsiste sin el Libro, porque en \u00e9l encuentra su raz\u00f3n de ser, su vocaci\u00f3n, su identidad. Esta rec\u00edproca pertenencia entre pueblo y SSEE es celebrada en cada asamblea lit\u00fargica, la cual gracias al Esp\u00edritu Santo, escucha a Cristo, porque es \u00c9l el que habla cuando en la Iglesia se lee la Escritura, y se acoge la alianza que Dios renueva con su pueblo. Escritura y liturgia convergen, entonces en el \u00fanico fin de conducir al pueblo al di\u00e1logo con el Se\u00f1or, y a la obediencia a la voluntad del Se\u00f1or\u201d.<\/p>\n<p><strong>D. Las oraciones<\/strong><br \/>La cuarta columna del edificio espiritual de la Iglesia, la casa de la Palabra, est\u00e1 constituida por las oraciones, entrelazadas &#8211; como recordaba san Pablo &#8211; por \u00absalmos, himnos, alabanzas espont\u00e1neas\u00bb (Col 3, 16). <br \/>Una encuesta reciente (cf. V. Paglia, La sete della Parola, FEBIC, 2008) evidencia el poco h\u00e1bito que los cristianos practicantes tienen para orar con la Biblia. Y esto no sucede por causa de la secularizaci\u00f3n, sino m\u00e1s bien por una falta de educaci\u00f3n en esta perspectiva. Hay una gran sensibilidad religiosa a la oraci\u00f3n, en general, pero no la costumbre de orar con la Biblia. Esta notable carencia manifiesta que el alma de la vida espiritual de los cristianos contempor\u00e1neos no es la Palabra. La tradici\u00f3n en cambio testimonia algo m\u00e1s positivo: \u201cOra asiduamente, o lee; habla con Dios o esc\u00fachalo (leyendo la SSEE)\u201d aconsejaba san Cipriano (Ep.1). San Jer\u00f3nimo: \u201cCuando rezas? Eres t\u00fa que hablas al Esposo; Cuando lees? Es \u00c9l que te habla a ti\u201d (Ep. XXII,25). San Ambrosio: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 no visitar un vez m\u00e1s a Cristo, hablarle, escucharlo? Hablamos con \u00e9l cuando oramos; lo escuchamos cuando leemos los escritos inspirados por Dios\u201d (De Off. 1,20). <br \/>Benedicto XVI en su mensaje a los j\u00f3venes (2008) dec\u00eda: es urgente \u201cense\u00f1ar a leer la SSEE no como un libro cualquiera, o un libro hist\u00f3rico, sino por aquello que es realmente, como palabra de Dios, poni\u00e9ndose en coloquio con Dios\u201d. Para empezar a orar a partir del texto, ley\u00e9ndolo, escuch\u00e1ndolo, medit\u00e1ndolo.<br \/>En la misma encuesta antes mencionada se muestra que donde existen grupos de escucha de la Palabra crece tambi\u00e9n el sentido de la fraternidad eclesial, lo cual pone de manifiesto que la SSEE desencadena la fuerza de la comuni\u00f3n. La lectura del SSEE aleja de aquel individualismo devocional que caracteriza la religiosidad de muchos creyentes, a\u00fan practicantes. Benedicto XVI se\u00f1al\u00f3 este aspecto con mucha claridad a los j\u00f3venes reunidos en la Plaza de san Pedro el a\u00f1o 2008: \u201cLa SSEE introduce en la comuni\u00f3n con la familia de Dios. No se puede leer solos la SSEE. Ciertamente que siempre es importante leer la Biblia en modo personal, en un coloquio personal con Dios, pero al mismo tiempo es importante leerla en compa\u00f1\u00eda de personas con las cuales se camima. (&#8230;) Leer la SSEE en coloquio personal con el Se\u00f1or, leerla acompa\u00f1ados de maestros que tienen la experiencia de la fe, que han entrado en la SSEE, leerla en la gran compa\u00f1\u00eda de la Iglesia, que en su liturgia estos acontecimientos se hacen de nuevo presentes, -en esa palabra- en la cual el Se\u00f1or habla ahora con nosotros, de tal manera que poco a poco entremos siempre m\u00e1s en la SSEE, en la cual Dios habla realmente a nosotros hoy\u201d.<\/p>\n<p><strong>E. Conclusi\u00f3n<\/strong><br \/>Esta Asamblea Diocesana (2009) nos ha hecho interrogar sobre nuestro ser Iglesia, para identificarnos vital y conscientemente con lo que somos. Centrar nuestra mirada en la Palabra de Dios, nos anima mejor al testimonio y a la misi\u00f3n, nos refuerza en la comuni\u00f3n y en la unidad, y nos compromete a ofrecerle espacio para que Cristo, presente en medio de ella siga obrando, llam\u00e1ndonos a construir una historia digna. Que la Palabra de Dios brille como la luz de nuestro camino y como norma de vida personal y social. <br \/>Mar\u00eda, la Virgen Madre, cumpli\u00f3 perfectamente la vocaci\u00f3n divina de la humanidad con su misi\u00f3n a trav\u00e9s de s\u00ed a la Palabra de la Alianza. Cuando dio su consentimiento al anuncio del Angel, la vida trinitaria entr\u00f3 en su alma, en su coraz\u00f3n y en su vientre, y as\u00ed inaugur\u00f3 el misterio de la Iglesia. La Iglesia del Nuevo Testamento comienza a existir donde la Palabra encarnada es recibida, amada y servida con plena disponibilidad al Esp\u00edritu Santo. Mar\u00eda aparece como modelo singular de la Iglesia en su relaci\u00f3n con la Palabra. La escucha orante y la disponibilidad amorosa de un coraz\u00f3n bien dispuesto posibilitan siempre que la Palabra despliegue sus frutos y que la historia de los hombres se renueve. <\/p>\n<p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>LA IGLESIA, LA CASA DE LA PALABRA \u201cComo la Sabidur\u00eda divina en el Antiguo Testamento, hab\u00eda edificado su casa en la ciudad de los hombres <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/homilia-asamblea-diocesana-de-pastoral-2009\/\" title=\"Homil\u00eda Asamblea Diocesana de Pastoral 2009\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[37],"tags":[],"class_list":["post-72","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-homilias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/72","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=72"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/72\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=72"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=72"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=72"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}