{"id":735,"date":"2012-09-20T14:01:10","date_gmt":"2012-09-20T14:01:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/portafidei\/"},"modified":"2012-09-20T14:01:10","modified_gmt":"2012-09-20T14:01:10","slug":"portafidei","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/portafidei\/","title":{"rendered":"PORTA FIDEI"},"content":{"rendered":"<div style=\"text-align: center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/t3.gstatic.com\/images?q=tbn:ANd9GcQ6hyErNCgjMxMHrhAq4mkxMSRz1suNe_0k7OczdXxkDUn5dGEc3RgmOV1_\" border=\"0\" width=\"225\" height=\"225\" \/><\/div>\n<div style=\"text-align: center\">\u00a0<\/div>\n<p><strong>Carta Apost\u00f3lica en forma de Motu propio del S. P. Benedicto XVI\u00a0 con la que se convoca el A\u00f1o de la fe (11 de octubre 2012 &#8211; 24 noviembre 2013).-<\/p>\n<p><\/strong>Tambi\u00e9n adjuntamos este link de un video explicativo.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.facebook.com\/obispado.reconquista#%21\/photo.php?v=334271936669304\">http:\/\/www.facebook.com\/obispado.reconquista#!\/photo.php?v=334271936669304<\/a> <\/p>\n<p><strong><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div align=\"justify\"><strong>1.<\/strong> \u00abLa puerta de la fe\u00bb (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comuni\u00f3n con Dios y permite la entrada en su Iglesia, est\u00e1 siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el coraz\u00f3n se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. \u00c9ste empieza con el bautismo (cf. Rm 6, 4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas que, con el don del Esp\u00edritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en \u00e9l (cf. Jn 17, 22). Profesar la fe en la Trinidad \u2013Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo \u2013equivale a creer en un solo Dios que es Amor (cf. 1 Jn 4, 8): el Padre, que en la plenitud de los tiempos envi\u00f3 a su Hijo para nuestra salvaci\u00f3n; Jesucristo, que en el misterio de su muerte y resurrecci\u00f3n redimi\u00f3 al mundo; el Esp\u00edritu Santo, que gu\u00eda a la Iglesia a trav\u00e9s de los siglos en la espera del retorno glorioso del Se\u00f1or.<\/div>\n<div align=\"justify\">\u00a0<\/div>\n<div align=\"justify\"><strong>2. <\/strong>Desde el comienzo de mi ministerio como Sucesor de Pedro, he recordado la exigencia de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez m\u00e1s clara la alegr\u00eda y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo. En la homil\u00eda de la santa Misa de inicio del Pontificado dec\u00eda: \u00abLa Iglesia en su conjunto, y en ella sus pastores, como Cristo han de ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud\u00bb.1 Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y pol\u00edticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida com\u00fan. De hecho, este presupuesto no s\u00f3lo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado.2 Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya as\u00ed en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas.<\/div>\n<div align=\"justify\">\u00a0<\/div>\n<div align=\"justify\"><strong>3.<\/strong> No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta (cf. Mt 5, 13-16). Como la samaritana, tambi\u00e9n el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jes\u00fas, que invita a creer en \u00e9l y a extraer el agua viva que mana de su fuente (cf. Jn 4, 14). Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus disc\u00edpulos (cf. Jn 6, 51). En efecto, la ense\u00f1anza de Jes\u00fas resuena todav\u00eda hoy con la misma fuerza: \u00abTrabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna\u00bb (Jn 6, 27). La pregunta planteada por los que lo escuchaban es tambi\u00e9n hoy la misma para nosotros: \u00ab\u00bfQu\u00e9 tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?\u00bb (Jn 6, 28). Sabemos la respuesta de Jes\u00fas: \u00abLa obra de Dios es \u00e9sta: que cre\u00e1is en el que \u00e9l ha enviado\u00bb (Jn 6, 29). Creer en Jesucristo es, por tanto, el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvaci\u00f3n.<\/div>\n<div align=\"justify\">\u00a0<\/div>\n<div align=\"justify\"><strong>4.<\/strong> A la luz de todo esto, he decidido convocar un A\u00f1o de la fe. Comenzar\u00e1 el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminar\u00e1 en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013. En la fecha del 11 de octubre de 2012, se celebrar\u00e1n tambi\u00e9n los veinte a\u00f1os de la publicaci\u00f3n del Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, promulgado por mi Predecesor, el beato Papa Juan Pablo II,3 con la intenci\u00f3n de ilustrar a todos los fieles la fuerza y belleza de la fe. Este documento, aut\u00e9ntico fruto del Concilio Vaticano II, fue querido por el S\u00ednodo Extraordinario de los Obispos de 1985 como instrumento al servicio de la catequesis,4 realiz\u00e1ndose mediante la colaboraci\u00f3n de todo el Episcopado de la Iglesia cat\u00f3lica. Y precisamente he convocado la Asamblea General del S\u00ednodo de los Obispos, en el mes de octubre de 2012, sobre el tema de La nueva evangelizaci\u00f3n para la transmisi\u00f3n de la fe cristiana. Ser\u00e1 una buena ocasi\u00f3n para introducir a todo el cuerpo eclesial en un tiempo de especial reflexi\u00f3n y redescubrimiento de la fe. No es la primera vez que la Iglesia est\u00e1 llamada a celebrar un A\u00f1o de la fe. Mi venerado Predecesor, el Siervo de Dios Pablo VI, proclam\u00f3 uno parecido en 1967, para conmemorar el martirio de los ap\u00f3stoles Pedro y Pablo en el d\u00e9cimo noveno centenario de su supremo testimonio. Lo concibi\u00f3 como un momento solemne para que en toda la Iglesia se diese \u00abuna aut\u00e9ntica y sincera profesi\u00f3n de la misma fe\u00bb; adem\u00e1s, quiso que \u00e9sta fuera confirmada de manera \u00abindividual y colectiva, libre y consciente, interior y exterior, humilde y franca\u00bb.5 Pensaba que de esa manera toda la Iglesia podr\u00eda adquirir una \u00abexacta conciencia de su fe, para reanimarla, para purificarla, para confirmarla y para confesarla\u00bb.6 Las grandes transformaciones que tuvieron lugar en aquel A\u00f1o, hicieron que la necesidad de dicha celebraci\u00f3n fuera todav\u00eda m\u00e1s evidente. \u00c9sta concluy\u00f3 con la Profesi\u00f3n de fe del Pueblo de Dios,7 para testimoniar c\u00f3mo los contenidos esenciales que desde siglos constituyen el patrimonio de todos los creyentes tienen necesidad de ser confirmados, comprendidos y profundizados de manera siempre nueva, con el fin de dar un testimonio coherente en condiciones hist\u00f3ricas distintas a las del pasado.<\/div>\n<div align=\"justify\">\u00a0<\/div>\n<div align=\"justify\"><strong>5.<\/strong> En ciertos aspectos, mi Venerado Predecesor vio ese A\u00f1o como una \u00abconsecuencia y exigencia postconciliar\u00bb,8 consciente de las graves dificultades del tiempo, sobre todo con respecto a la profesi\u00f3n de la fe verdadera y a su recta interpretaci\u00f3n. He pensado que iniciar el A\u00f1o de la fe coincidiendo con el cincuentenario de la apertura del Concilio Vaticano II puede ser una ocasi\u00f3n propicia para comprender que los textos dejados en herencia por los Padres conciliares, seg\u00fan las palabras del beato Juan Pablo II, \u00abno pierden su valor ni su esplendor. Es necesario leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magisterio, dentro de la Tradici\u00f3n de la Iglesia. [\u2026] Siento m\u00e1s que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una br\u00fajula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza\u00bb.9 Yo tambi\u00e9n deseo reafirmar con fuerza lo que dije a prop\u00f3sito del Concilio pocos meses despu\u00e9s de mi elecci\u00f3n como Sucesor de Pedro: \u00abSi lo leemos y acogemos guiados por una hermen\u00e9utica correcta, puede ser y llegar a ser cada vez m\u00e1s una gran fuerza para la renovaci\u00f3n siempre necesaria de la Iglesia\u00bb.10<\/div>\n<div align=\"justify\">\u00a0<\/div>\n<div align=\"justify\"><strong>6.<\/strong> La renovaci\u00f3n de la Iglesia pasa tambi\u00e9n a trav\u00e9s del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes: con su misma existencia en el mundo, los cristianos est\u00e1n llamados efectivamente a hacer resplandecer la Palabra de verdad que el Se\u00f1or Jes\u00fas nos dej\u00f3. Precisamente el Concilio, en la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Lumen gentium, afirmaba: \u00abMientras que Cristo, \u00absanto, inocente, sin mancha\u00bb (Hb 7, 26), no conoci\u00f3 el pecado (cf. 2 Co 5, 21), sino que vino solamente a expiar los pecados del pueblo (cf. Hb 2, 17), la Iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificaci\u00f3n, y busca sin cesar la conversi\u00f3n y la renovaci\u00f3n. La Iglesia contin\u00faa su peregrinaci\u00f3n \u00aben medio de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios\u00bb, anunciando la cruz y la muerte del Se\u00f1or hasta que vuelva (cf. 1 Co 11, 26). Se siente fortalecida con la fuerza del Se\u00f1or resucitado para poder superar con paciencia y amor todos los sufrimientos y dificultades, tanto interiores como exteriores, y revelar en el mundo el misterio de Cristo, aunque bajo sombras, sin embargo, con fidelidad hasta que al final se manifieste a plena luz\u00bb.11En esta perspectiva, el A\u00f1o de la fe es una invitaci\u00f3n a una aut\u00e9ntica y renovada conversi\u00f3n al Se\u00f1or, \u00fanico Salvador del mundo. Dios, en el misterio de su muerte y resurrecci\u00f3n, ha revelado en plenitud el Amor que salva y llama a los hombres a la conversi\u00f3n de vida mediante la remisi\u00f3n de los pecados (cf. Hch 5, 31). Para el ap\u00f3stol Pablo, este Amor lleva al hombre a una nueva vida: \u00abPor el bautismo fuimos sepultados con \u00e9l en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucit\u00f3 de entre los muertos por la gloria del Padre, as\u00ed tambi\u00e9n nosotros andemos en una vida nueva\u00bb (Rm 6, 4). Gracias a la fe, esta vida nueva plasma toda la existencia humana en la novedad radical de la resurrecci\u00f3n. En la medida de su disponibilidad libre, los pensamientos y los afectos, la mentalidad y el comportamiento del hombre se purifican y transforman lentamente, en un proceso que no termina de cumplirse totalmente en esta vida. La \u00abfe que act\u00faa por el amor\u00bb (Ga 5, 6) se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acci\u00f3n que cambia toda la vida del hombre (cf. Rm 12, 2; Col 3, 9-10; Ef 4, 20-29; 2 Co 5, 17).<\/div>\n<div align=\"justify\">\u00a0<\/div>\n<div align=\"justify\"><strong>7. <\/strong>\u00abCaritas Christi urget nos\u00bb (2 Co 5, 14): es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Hoy como ayer, \u00e9l nos env\u00eda por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cf. Mt 28, 19). Con su amor, Jesucristo atrae hacia s\u00ed a los hombres de cada generaci\u00f3n: en todo tiempo, convoca a la Iglesia y le conf\u00eda el anuncio del Evangelio, con un mandato que es siempre nuevo. Por eso, tambi\u00e9n hoy es necesario un compromiso eclesial m\u00e1s convencido en favor de una nueva evangelizaci\u00f3n para redescubrir la alegr\u00eda de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe. El compromiso misionero de los creyentes saca fuerza y vigor del descubrimiento cotidiano de su amor, que nunca puede faltar. La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Nos hace fecundos, porque ensancha el coraz\u00f3n en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo: en efecto, abre el coraz\u00f3n y la mente de los que escuchan para acoger la invitaci\u00f3n del Se\u00f1or a aceptar su Palabra para ser sus disc\u00edpulos. Como afirma san Agust\u00edn, los creyentes \u00abse fortalecen creyendo\u00bb.12 El santo Obispo de Hipona ten\u00eda buenos motivos para expresarse de esta manera. Como sabemos, su vida fue una b\u00fasqueda continua de la belleza de la fe hasta que su coraz\u00f3n encontr\u00f3 descanso en Dios.13 Sus numerosos escritos, en los que explica la importancia de creer y la verdad de la fe, permanecen a\u00fan hoy como un patrimonio de riqueza sin igual, consintiendo todav\u00eda a tantas personas que buscan a Dios encontrar el sendero justo para acceder a la \u00abpuerta de la fe\u00bb.As\u00ed, la fe s\u00f3lo crece y se fortalece creyendo; no hay otra posibilidad para poseer la certeza sobre la propia vida que abandonarse, en un in crescendo continuo, en las manos de un amor que se experimenta siempre como m\u00e1s grande porque tiene su origen en Dios.<\/div>\n<div align=\"justify\">\u00a0<\/div>\n<div align=\"justify\"><strong>8.<\/strong> En esta feliz conmemoraci\u00f3n, deseo invitar a los hermanos Obispos de todo el Orbe a que se unan al Sucesor de Pedro en el tiempo de gracia espiritual que el Se\u00f1or nos ofrece para rememorar el don precioso de la fe. Queremos celebrar este A\u00f1o de manera digna y fecunda. Habr\u00e1 que intensificar la reflexi\u00f3n sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesi\u00f3n al Evangelio sea m\u00e1s consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad est\u00e1 viviendo. Tendremos la oportunidad de confesar la fe en el Se\u00f1or Resucitado en nuestras catedrales e iglesias de todo el mundo; en nuestras casas y con nuestras familias, para que cada uno sienta con fuerza la exigencia de conocer y transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre. En este A\u00f1o, las comunidades religiosas, as\u00ed como las parroquiales, y todas las realidades eclesiales antiguas y nuevas, encontrar\u00e1n la manera de profesar p\u00fablicamente el Credo.<\/div>\n<div align=\"justify\">\u00a0<\/div>\n<div align=\"justify\"><strong>9. <\/strong>Deseamos que este A\u00f1o suscite en todo creyente la aspiraci\u00f3n a confesar la fe con plenitud y renovada convicci\u00f3n, con confianza y esperanza. Ser\u00e1 tambi\u00e9n una ocasi\u00f3n propicia para intensificar la celebraci\u00f3n de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucarist\u00eda, que es \u00abla cumbre a la que tiende la acci\u00f3n de la Iglesia y tambi\u00e9n la fuente de donde mana toda su fuerza\u00bb.14 Al mismo tiempo, esperamos que el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez m\u00e1s cre\u00edble. Redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada,15 y reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree, es un compromiso que todo creyente debe de hacer propio, sobre todo en este A\u00f1o.No por casualidad, los cristianos en los primeros siglos estaban obligados a aprender de memoria el Credo. Esto les serv\u00eda como oraci\u00f3n cotidiana para no olvidar el compromiso asumido con el bautismo. San Agust\u00edn lo recuerda con unas palabras de profundo significado, cuando en un serm\u00f3n sobre la redditio symboli, la entrega del Credo, dice: \u00abEl s\u00edmbolo del sacrosanto misterio que recibisteis todos a la vez y que hoy hab\u00e9is recitado uno a uno, no es otra cosa que las palabras en las que se apoya s\u00f3lidamente la fe de la Iglesia, nuestra madre, sobre la base inconmovible que es Cristo el Se\u00f1or. [\u2026] Recibisteis y recitasteis algo que deb\u00e9is retener siempre en vuestra mente y coraz\u00f3n y repetir en vuestro lecho; algo sobre lo que ten\u00e9is que pensar cuando est\u00e1is en la calle y que no deb\u00e9is olvidar ni cuando com\u00e9is, de forma que, incluso cuando dorm\u00eds corporalmente, vigil\u00e9is con el coraz\u00f3n\u00bb.16<\/div>\n<div align=\"justify\">\u00a0<\/div>\n<div align=\"justify\"><strong>10. <\/strong>En este sentido, quisiera esbozar un camino que sea \u00fatil para comprender de manera m\u00e1s profunda no s\u00f3lo los contenidos de la fe sino, juntamente tambi\u00e9n con eso, el acto con el que decidimos de entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios. En efecto, existe una unidad profunda entre el acto con el que se cree y los contenidos a los que prestamos nuestro asentimiento. El ap\u00f3stol Pablo nos ayuda a entrar dentro de esta realidad cuando escribe: \u00abcon el coraz\u00f3n se cree y con los labios se profesa\u00bb (cf. Rm 10, 10). El coraz\u00f3n indica que el primer acto con el que se llega a la fe es don de Dios y acci\u00f3n de la gracia que act\u00faa y transforma a la persona hasta en lo m\u00e1s \u00edntimo.A este prop\u00f3sito, el ejemplo de Lidia es muy elocuente. Cuenta san Lucas que Pablo, mientras se encontraba en Filipos, fue un s\u00e1bado a anunciar el Evangelio a algunas mujeres; entre estas estaba Lidia y el \u00abSe\u00f1or le abri\u00f3 el coraz\u00f3n para que aceptara lo que dec\u00eda Pablo\u00bb (Hch 16, 14). El sentido que encierra la expresi\u00f3n es importante. San Lucas ense\u00f1a que el conocimiento de los contenidos que se han de creer no es suficiente si despu\u00e9s el coraz\u00f3n, aut\u00e9ntico sagrario de la persona, no est\u00e1 abierto por la gracia que permite tener ojos para mirar en profundidad y comprender que lo que se ha anunciado es la Palabra de Dios.Profesar con la boca indica, a su vez, que la fe implica un testimonio y un compromiso p\u00fablico. El cristiano no puede pensar nunca que creer es un hecho privado. La fe es decidirse a estar con el Se\u00f1or para vivir con \u00e9l. Y este \u00abestar con \u00e9l\u00bb nos lleva a comprender las razones por las que se cree. La fe, precisamente porque es un acto de la libertad, exige tambi\u00e9n la responsabilidad social de lo que se cree. La Iglesia en el d\u00eda de Pentecost\u00e9s muestra con toda evidencia esta dimensi\u00f3n p\u00fablica del creer y del anunciar a todos sin temor la propia fe. Es el don del Esp\u00edritu Santo el que capacita para la misi\u00f3n y fortalece nuestro testimonio, haci\u00e9ndolo franco y valeroso.La misma profesi\u00f3n de fe es un acto personal y al mismo tiempo comunitario. En efecto, el primer sujeto de la fe es la Iglesia. En la fe de la comunidad cristiana cada uno recibe el bautismo, signo eficaz de la entrada en el pueblo de los creyentes para alcanzar la salvaci\u00f3n. Como afirma el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica: \u00ab\u00bbCreo\u00bb: Es la fe de la Iglesia profesada personalmente por cada creyente, principalmente en su bautismo. \u00abCreemos\u00bb: Es la fe de la Iglesia confesada por los obispos reunidos en Concilio o, m\u00e1s generalmente, por la asamblea lit\u00fargica de los creyentes. \u00abCreo\u00bb, es tambi\u00e9n la Iglesia, nuestra Madre, que responde a Dios por su fe y que nos ense\u00f1a a decir: \u00abcreo\u00bb, \u00abcreemos\u00bb\u00bb.17Como se puede ver, el conocimiento de los contenidos de la fe es esencial para dar el propio asentimiento, es decir, para adherirse plenamente con la inteligencia y la voluntad a lo que propone la Iglesia. El conocimiento de la fe introduce en la totalidad del misterio salv\u00edfico revelado por Dios. El asentimiento que se presta implica por tanto que, cuando se cree, se acepta libremente todo el misterio de la fe, ya que quien garantiza su verdad es Dios mismo que se revela y da a conocer su misterio de amor.18Por otra parte, no podemos olvidar que muchas personas en nuestro contexto cultural, a\u00fan no reconociendo en ellos el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido \u00faltimo y la verdad definitiva de su existencia y del mundo. Esta b\u00fasqueda es un aut\u00e9ntico \u00abpre\u00e1mbulo\u00bb de la fe, porque lleva a las personas por el camino que conduce al misterio de Dios. La misma raz\u00f3n del hombre, en efecto, lleva inscrita la exigencia de \u00ablo que vale y permanece siempre\u00bb.19 Esta exigencia constituye una invitaci\u00f3n permanente, inscrita indeleblemente en el coraz\u00f3n humano, a ponerse en camino para encontrar a Aquel que no buscar\u00edamos si no hubiera ya venido.20 La fe nos invita y nos abre totalmente a este encuentro.<\/div>\n<div align=\"justify\">\u00a0<\/div>\n<div align=\"justify\"><strong>11. <\/strong>Para acceder a un conocimiento sistem\u00e1tico del contenido de la fe, todos pueden encontrar en el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica un subsidio precioso e indispensable. Es uno de los frutos m\u00e1s importantes del Concilio Vaticano II. En la Constituci\u00f3n apost\u00f3lica Fidei depositum, firmada precisamente al cumplirse el trig\u00e9simo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, el beato Juan Pablo II escrib\u00eda: \u00abEste Catecismo es una contribuci\u00f3n important\u00edsima a la obra de renovaci\u00f3n de la vida eclesial&#8230; Lo declaro como regla segura para la ense\u00f1anza de la fe y como instrumento v\u00e1lido y leg\u00edtimo al servicio de la comuni\u00f3n eclesial\u00bb.21Precisamente en este horizonte, el A\u00f1o de la fe deber\u00e1 expresar un compromiso un\u00e1nime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistem\u00e1tica y org\u00e1nicamente en el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica. En efecto, en \u00e9l se pone de manifiesto la riqueza de la ense\u00f1anza que la Iglesia ha recibido, custodiado y ofrecido en sus dos mil a\u00f1os de historia. Desde la Sagrada Escritura a los Padres de la Iglesia, de los Maestros de teolog\u00eda a los Santos de todos los siglos, el Catecismo ofrece una memoria permanente de los diferentes modos en que la Iglesia ha meditado sobre la fe y ha progresado en la doctrina, para dar certeza a los creyentes en su vida de fe.En su misma estructura, el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica presenta el desarrollo de la fe hasta abordar los grandes temas de la vida cotidiana. A trav\u00e9s de sus p\u00e1ginas se descubre que todo lo que se presenta no es una teor\u00eda, sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia. A la profesi\u00f3n de fe, de hecho, sigue la explicaci\u00f3n de la vida sacramental, en la que Cristo est\u00e1 presente y act\u00faa, y contin\u00faa la construcci\u00f3n de su Iglesia. Sin la liturgia y los sacramentos, la profesi\u00f3n de fe no tendr\u00eda eficacia, pues carecer\u00eda de la gracia que sostiene el testimonio de los cristianos. Del mismo modo, la ense\u00f1anza del Catecismo sobre la vida moral adquiere su pleno sentido cuando se pone en relaci\u00f3n con la fe, la liturgia y la oraci\u00f3n.<\/div>\n<div align=\"justify\">\u00a0<\/div>\n<div align=\"justify\"><strong>12. <\/strong>As\u00ed, pues, el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica podr\u00e1 ser en este A\u00f1o un verdadero instrumento de apoyo a la fe, especialmente para quienes se preocupan por la formaci\u00f3n de los cristianos, tan importante en nuestro contexto cultural. Para ello, he invitado a la Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe a que, de acuerdo con los Dicasterios competentes de la Santa Sede, redacte una Nota con la que se ofrezca a la Iglesia y a los creyentes algunas indicaciones para vivir este A\u00f1o de la fe de la manera m\u00e1s eficaz y apropiada, ayud\u00e1ndoles a creer y evangelizar.En efecto, la fe est\u00e1 sometida m\u00e1s que en el pasado a una serie de interrogantes que provienen de un cambio de mentalidad que, sobre todo hoy, reduce el \u00e1mbito de las certezas racionales al de los logros cient\u00edficos y tecnol\u00f3gicos. Pero la Iglesia nunca ha tenido miedo de mostrar c\u00f3mo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad.22<\/div>\n<div align=\"justify\">\u00a0<\/div>\n<div align=\"justify\"><strong>13. <\/strong>A lo largo de este A\u00f1o, ser\u00e1 decisivo volver a recorrer la historia de nuestra fe, que contempla el misterio insondable del entrecruzarse de la santidad y el pecado. Mientras lo primero pone de relieve la gran contribuci\u00f3n que los hombres y las mujeres han ofrecido para el crecimiento y desarrollo de las comunidades a trav\u00e9s del testimonio de su vida, lo segundo debe suscitar en cada uno un sincero y constante acto de conversi\u00f3n, con el fin de experimentar la misericordia del Padre que sale al encuentro de todos.Durante este tiempo, tendremos la mirada fija en Jesucristo, \u00abque inici\u00f3 y completa nuestra fe\u00bb (Hb 12, 2): en \u00e9l encuentra su cumplimiento todo af\u00e1n y todo anhelo del coraz\u00f3n humano. La alegr\u00eda del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perd\u00f3n ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vac\u00edo de la muerte, todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnaci\u00f3n, de su hacerse hombre, de su compartir con nosotros la debilidad humana para transformarla con el poder de su resurrecci\u00f3n. En \u00e9l, muerto y resucitado por nuestra salvaci\u00f3n, se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los \u00faltimos dos mil a\u00f1os de nuestra historia de salvaci\u00f3n.Por la fe, Mar\u00eda acogi\u00f3 la palabra del \u00c1ngel y crey\u00f3 en el anuncio de que ser\u00eda la Madre de Dios en la obediencia de su entrega (cf. Lc 1, 38). En la visita a Isabel enton\u00f3 su canto de alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes se encomiendan a \u00c9l (cf. Lc 1, 46-55). Con gozo y temblor dio a luz a su \u00fanico hijo, manteniendo intacta su virginidad (cf. Lc 2, 6-7). Confiada en su esposo Jos\u00e9, llev\u00f3 a Jes\u00fas a Egipto para salvarlo de la persecuci\u00f3n de Herodes (cf. Mt 2, 13-15). Con la misma fe sigui\u00f3 al Se\u00f1or en su predicaci\u00f3n y permaneci\u00f3 con \u00e9l hasta el Calvario (cf. Jn 19, 25-27). Con fe, Mar\u00eda sabore\u00f3 los frutos de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y, guardando todos los recuerdos en su coraz\u00f3n (cf. Lc 2, 19.51), los transmiti\u00f3 a los Doce, reunidos con ella en el Cen\u00e1culo para recibir el Esp\u00edritu Santo (cf. Hch 1, 14; 2, 1-4).Por la fe, los Ap\u00f3stoles dejaron todo para seguir al Maestro (cf. Mt 10, 28). Creyeron en las palabras con las que anunciaba el Reino de Dios, que est\u00e1 presente y se realiza en su persona (cf. Lc 11, 20). Vivieron en comuni\u00f3n de vida con Jes\u00fas, que los instru\u00eda con sus ense\u00f1anzas, dej\u00e1ndoles una nueva regla de vida por la que ser\u00edan reconocidos como sus disc\u00edpulos despu\u00e9s de su muerte (cf. Jn 13, 34-35). Por la fe, fueron por el mundo entero, siguiendo el mandato de llevar el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16, 15) y, sin temor alguno, anunciaron a todos la alegr\u00eda de la resurrecci\u00f3n, de la que fueron testigos fieles.Por la fe, los disc\u00edpulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la ense\u00f1anza de los Ap\u00f3stoles, la oraci\u00f3n y la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, poniendo en com\u00fan todos sus bienes para atender las necesidades de los hermanos (cf. Hch 2, 42-47).Por la fe, los m\u00e1rtires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los hab\u00eda trasformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor con el perd\u00f3n de sus perseguidores.Por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en la sencillez evang\u00e9lica la obediencia, la pobreza y la castidad, signos concretos de la espera del Se\u00f1or que no tarda en llegar. Por la fe, muchos cristianos han promovido acciones en favor de la justicia, para hacer concreta la palabra del Se\u00f1or, que ha venido a proclamar la liberaci\u00f3n de los oprimidos y un a\u00f1o de gracia para todos (cf. Lc 4, 18-19).Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres est\u00e1n escritos en el libro de la vida (cf. Ap 7, 9; 13, 8), han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Se\u00f1or Jes\u00fas all\u00ed donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesi\u00f3n, la vida p\u00fablica y el desempe\u00f1o de los carismas y ministerios que se les confiaban.Tambi\u00e9n nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Se\u00f1or Jes\u00fas, presente en nuestras vidas y en la historia.<\/div>\n<div align=\"justify\">\u00a0<\/div>\n<div align=\"justify\"><strong>14.<\/strong> El A\u00f1o de la fe ser\u00e1 tambi\u00e9n una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad. San Pablo nos recuerda: \u00abAhora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de ellas es la caridad\u00bb (1 Co 13, 13). Con palabras a\u00fan m\u00e1s fuertes \u2014que siempre ata\u00f1en a los cristianos\u2014, el ap\u00f3stol Santiago dice: \u00ab\u00bfDe qu\u00e9 le sirve a uno, hermanos m\u00edos, decir que tiene fe, si no tiene obras? \u00bfPodr\u00e1 acaso salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos de alimento diario y alguno de vosotros les dice: \u00abId en paz, abrigaos y saciaos\u00bb, pero no les da lo necesario para el cuerpo, \u00bfde qu\u00e9 sirve? As\u00ed es tambi\u00e9n la fe: si no se tienen obras, est\u00e1 muerta por dentro. Pero alguno dir\u00e1: \u00abT\u00fa tienes fe y yo tengo obras, mu\u00e9strame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostrar\u00e9 la fe\u00bb\u00bb (St 2, 14-18).La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe ser\u00eda un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. En efecto, muchos cristianos dedican sus vidas con amor a quien est\u00e1 solo, marginado o excluido, como el primero a quien hay que atender y el m\u00e1s importante que socorrer, porque precisamente en \u00e9l se refleja el rostro mismo de Cristo. Gracias a la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor el rostro del Se\u00f1or resucitado. \u00abCada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos m\u00e1s peque\u00f1os, conmigo lo hicisteis\u00bb (Mt 25, 40): estas palabras suyas son una advertencia que no se ha de olvidar, y una invitaci\u00f3n perenne a devolver ese amor con el que \u00e9l cuida de nosotros. Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo, y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cada vez que se hace nuestro pr\u00f3jimo en el camino de la vida. Sostenidos por la fe, miramos con esperanza a nuestro compromiso en el mundo, aguardando \u00abunos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia\u00bb (2 P 3, 13; cf. Ap 21, 1).<\/div>\n<div align=\"justify\">\u00a0<\/div>\n<div><strong>15. <\/strong>Llegados sus \u00faltimos d\u00edas, el ap\u00f3stol Pablo pidi\u00f3 al disc\u00edpulo Timoteo que \u00abbuscara la fe\u00bb (cf. 2 Tm 2, 22) con la misma constancia de cuando era ni\u00f1o (cf. 2 Tm 3, 15). Escuchemos esta invitaci\u00f3n como dirigida a cada uno de nosotros, para que nadie se vuelva perezoso en la fe. Ella es compa\u00f1era de vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotros. Tratando de percibir los signos de los tiempos en la historia actual, nos compromete a cada uno a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo. Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio cre\u00edble de los que, iluminados en la mente y el coraz\u00f3n por la Palabra del Se\u00f1or, son capaces de abrir el coraz\u00f3n y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, \u00e9sa que no tiene fin.\u00abQue la Palabra del Se\u00f1or siga avanzando y sea glorificada\u00bb (2 Ts 3, 1): que este A\u00f1o de la fe haga cada vez m\u00e1s fuerte la relaci\u00f3n con Cristo, el Se\u00f1or, pues s\u00f3lo en \u00e9l tenemos la certeza para mirar al futuro y la garant\u00eda de un amor aut\u00e9ntico y duradero. Las palabras del ap\u00f3stol Pedro proyectan un \u00faltimo rayo de luz sobre la fe: \u00abPor ello os alegr\u00e1is, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; as\u00ed la autenticidad de vuestra fe, m\u00e1s preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecer\u00e1 premio, gloria y honor en la revelaci\u00f3n de Jesucristo; sin haberlo visto lo am\u00e1is y, sin contemplarlo todav\u00eda, cre\u00e9is en \u00e9l y as\u00ed os alegr\u00e1is con un gozo inefable y radiante, alcanzando as\u00ed la meta de vuestra fe; la salvaci\u00f3n de vuestras almas\u00bb (1 P 1, 6-9). La vida de los cristianos conoce la experiencia de la alegr\u00eda y el sufrimiento. Cu\u00e1ntos santos han experimentado la soledad. Cu\u00e1ntos creyentes son probados tambi\u00e9n en nuestros d\u00edas por el silencio de Dios, mientras quisieran escuchar su voz consoladora. Las pruebas de la vida, a la vez que permiten comprender el misterio de la Cruz y participar en los sufrimientos de Cristo (cf. Col 1, 24), son preludio de la alegr\u00eda y la esperanza a la que conduce la fe: \u00abCuando soy d\u00e9bil, entonces soy fuerte\u00bb (2 Co 12, 10). Nosotros creemos con firme certeza que el Se\u00f1or Jes\u00fas ha vencido el mal y la muerte. Con esta segura confianza nos encomendamos a \u00e9l: presente entre nosotros, vence el poder del maligno (cf. Lc 11, 20), y la Iglesia, comunidad visible de su misericordia, permanece en \u00e9l como signo de la reconciliaci\u00f3n definitiva con el Padre.Confiemos a la Madre de Dios, proclamada \u00abbienaventurada porque ha cre\u00eddo\u00bb (Lc 1, 45), este tiempo de gracia.Dado en Roma, junto a San Pedro, el 11 de octubre del a\u00f1o 2011, s\u00e9ptimo de mi Pontificado.<\/p>\n<div align=\"right\"><strong>BENEDICTUS PP. XVI<\/strong><\/div>\n<p>______________________<\/p>\n<p><strong>1<\/strong> Homil\u00eda en la Misa de inicio de Pontificado (24 abril 2005): AAS 97 (2005), 710.<\/p>\n<p><strong>2<\/strong> Cf. Benedicto XVI, Homil\u00eda en la Misa en Terreiro do Pa\u00e7o, Lisboa (11 mayo 2010), en L\u2019Osservatore Romano ed. en Leng. espa\u00f1ola (16 mayo 2010), pag. 8-9.<\/p>\n<p><strong>3<\/strong> Cf. Juan Pablo II, Const. ap. Fidei depositum (11 octubre 1992): AAS 86 (1994), 113-118.<\/p>\n<p><strong>4<\/strong> Cf. Relaci\u00f3n final del S\u00ednodo Extraordinario de los Obispos (7 diciembre 1985), II, B, a, 4, en L\u2019Osservatore Romano ed. en Leng. espa\u00f1ola (22 diciembre 1985), pag. 12.<\/p>\n<p><strong>5 <\/strong>Pablo VI, Exhort. ap. Petrum et Paulum Apostolos, en el XIX centenario del martirio de los santos ap\u00f3stoles Pedro y Pablo (22 febrero 1967): AAS 59 (1967), 196.<\/p>\n<p><strong>6<\/strong> Ib\u00edd., 198.<\/p>\n<p><strong>7<\/strong> Pablo VI, Solemne profesi\u00f3n de fe, Homil\u00eda para la concelebraci\u00f3n en el XIX centenario del martirio de los santos ap\u00f3stoles Pedro y Pablo, en la conclusi\u00f3n del \u00abA\u00f1o de la fe\u00bb (30 junio 1968): AAS 60 (1968), 433-445.<\/p>\n<p><strong>8<\/strong> Id., Audiencia General (14 junio 1967): Insegnamenti V (1967), 801.<\/p>\n<p><strong>9<\/strong> Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte (6 enero 2001), 57: AAS 93 (2001), 308.<\/p>\n<p><strong>10<\/strong> Discurso a la Curia Romana (22 diciembre 2005): AAS 98 (2006), 52.<\/p>\n<p><strong>11 <\/strong>Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 8.<\/p>\n<p><strong>12 <\/strong>De utilitate credendi, 1, 2.<\/p>\n<p><strong>13<\/strong> Cf. Agust\u00edn de Hipona, Confesiones, I, 1.<\/p>\n<p><strong>14 <\/strong>Conc. Ecum. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, 10.<\/p>\n<p><strong>15 <\/strong>Cf. Juan Pablo II, Const. ap. Fidei depositum (11 octubre 1992): AAS 86 (1994), 116.<\/p>\n<p><strong>16 <\/strong>Sermo 215, 1.<\/p>\n<p><strong>17<\/strong> Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 167.<\/p>\n<p><strong>18<\/strong> Cf. Conc. Ecum. Vat. I, Const. dogm. Dei Filius, sobre la fe cat\u00f3lica, cap. III: DS 3008-3009; Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, sobre la divina revelaci\u00f3n, 5.<\/p>\n<p><strong>19<\/strong> Discurso en el Coll\u00e8ge des Bernardins, Par\u00eds (12 septiembre 2008): AAS 100 (2008), 722.<\/p>\n<p><strong>20 <\/strong>Cf. Agust\u00edn de Hipona, Confesiones, XIII, 1.21 Juan Pablo II, Const. ap. Fidei depositum (11 octubre 1992):AAS 86 (1994), 115 y 117.<\/p>\n<p><strong>22<\/strong> Cf. Id., Carta enc. Fides et ratio (14 septiembre 1998) 34.106: AAS 91 (1999), 31-32. 86-87.<\/p>\n<p>\u00a0<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><div style=\"text-align: center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/t3.gstatic.com\/images?q=tbn:ANd9GcQ6hyErNCgjMxMHrhAq4mkxMSRz1suNe_0k7OczdXxkDUn5dGEc3RgmOV1_\" border=\"0\" width=\"225\" height=\"225\" \/><\/div>\n<div style=\"text-align: center\">\u00a0<\/div>\n<p><strong>Carta Apost\u00f3lica en forma de Motu propio del S. P. Benedicto XVI\u00a0 con la que se convoca el A\u00f1o de la fe (11 de octubre 2012 &#8211; 24 noviembre 2013).-<\/p>\n<p><\/strong>Tambi\u00e9n adjuntamos este link de un video explicativo.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.facebook.com\/obispado.reconquista#%21\/photo.php?v=334271936669304\">http:\/\/www.facebook.com\/obispado.reconquista#!\/photo.php?v=334271936669304<\/a> <\/p>\n<p><strong><\/strong><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[28],"tags":[],"class_list":["post-735","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-latest-news"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/735","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=735"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/735\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=735"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=735"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadorqta.org.ar\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=735"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}