Homilía Inmaculada Concepción 8 de diciembre
LA FE, EL SIGNO Y EL SÍMBOLO
Después
de haberse proclamado el dogma de la Inmaculada Concepción de María (año 1850), una verdad trasmitida por la tradición de fe de la Iglesia, vino una confirmación del cielo con las apariciones de la Inmaculada Concepción en Lourdes (Francia). A santa Bernardita se le apareció la Virgen, varias veces solo en silencio, y mucho después le reveló su nombre: “Yo soy (era) la Inmaculada Concepción” (año 1858).
Este episodio hace presente la dinámica de la fe y de los signos: primero se cree, y luego se experimenta por gracia, la verdad de esa fe con signos. A los signos los descubre y los “comprende” sólo el que cree.

