Hablar
de vida consagrada es hablar de amor, un amor en el que Dios elige y el otro amor es de la persona que abraza esa llamada, llegando a ser una comunión de corazones, tanto el de Dios como del hombre, «De este modo, el hombre de amor único se convierte en el hombre de amor a todos, porque se ha posesionado de su corazón la Benevolencia que ama a todos y a todos acoge».
Este amor no se compara con otros amores ya que es totalmente pleno y trae un inmenso gozo en el corazón, permitiéndonos experimentar las promesas del evangelio. «Jesús respondió: «yo les aseguro que ninguno que haya dejado casa, esposa, hermanos, padres e hijos por el Reino de Dios, quedará sin que reciba mucho más en el tiempo presente y en el mundo venidero, la vida eterna».
Vocación divina
Porque es Dios en la trinidad quien invita a la persona a un seguimiento más de cerca y en el cual esta persona acepta libremente y por amor, a ser total y exclusivamente para Dios y para su Reino.
Este es un llamado a la perfecta imitación de Cristo que lleva a la comunión de Dios y la perfección en el amor. «yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al padre sino por mí.»; es Jesús quien revela al consagrado el amor de padre creador y el camino que de seguir y «Es el Espíritu Santo quien suscita en la persona el deseo de una respuesta plena de consagración; además guía el crecimiento llevándolo a la madurez».
En este día, saludamos a todas las consagradas y a todos los consagrados de nuestra Diócesis. La Iglesia hace coincidir esta Jornada con la fiesta de la Natividad de santa María Virgen, ella toda del Señor. Por eso, nos alegramos y alabamos a Dios junto con todas las personas consagradas en la Vida Religiosa, por la presencia de cada una de ellas entre nosotros y por el testimonio cotidiano de sus vidas entregadas a Cristo con un corazón indiviso. Les agradecemos de corazón la enorme tarea que realizan en las diversas áreas de atención pastoral a nuestra gente.