Catequesis I: Búsquedas (Documento Final Del Sínodo)

CORAZÓN DE LA SINODALIDAD

Primer Domingo de Cuaresma

 

          El Documento Final del Sínodo (DFS), asumido por el Papa Francisco como propio, nos propone continuar en la senda de la escucha y del diálogo y oficia de orientación para la renovación de nuestra Pastoral Orgánica. En cinco catequesis cuaresmales intentaré hacer algunos comentarios al mismo, que puedan iluminar nuestro camino, sin dejar de alentar a su lectura completa.

          Como aclaración general, parece oportuno señalar que los padres sinodales han seguido en la estructuración del mismo las predicaciones del Card. Thimoty Radcliffe OP, realizadas a partir de algunos textos de Jn 20-21, vinculados a las apariciones de Jesús Resucitado (cf. www.synod.va). Las frases bíblicas inspiradoras se colocan al comienzo del capítulo, para orientar su interpretación. “El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba (Jn 20,1-2). Comentando este texto, el predicador dominico subraya tres búsquedas diferentes, que se unen y complementan. Cada uno busca a Jesús Resucitado como puede y según su experiencia de vida, pero Esta búsqueda, para que sea fecunda, TIENE que complementarse Y UNIRSE EN UN SOLO CAMINO (SYNODOS). ENTONCES JESÚS VIVO SE DEJA ENCONTRAR.

  1. Sínodo y Pueblo de Dios

          Esta búsqueda está en las raíces de la sinodalidad. La misma, en la Iglesia, se vincula estrechamente a su condición de Pueblo de Dios, y tiene como fundamentos principales los sacramentos de la Iniciación Cristiana, que no son episodios aislados en la vida de una persona, sino un proceso que nos conduce a la comunión plena con Dios y con los hermanos. Por el Bautismo somos sumergidos en Cristo y recibimos una común dignidad (Rom 6,2), la de hijos adoptivos de Dios en Cristo. Por la Confirmación somos enviados a proclamar la Vida recibida. “Dentro del itinerario de la iniciación cristiana, el sacramento de la Confirmación enriquece la vida de los creyentes con una particular efusión del Espíritu con miras al testimonio” (DFS 25). Todo confluye en la Eucaristía, que es principio y fuente de la sinodalidad. La sinodalidad se refleja y necesita, al mismo tiempo, de la Eucaristía.

          La búsqueda, aunque sea personal, se une después a la búsqueda de otros bautizados, quienes por este sacramento inicial formamos el Pueblo de Dios. No se trata de una búsqueda individualista sino en comunidad, donde todos somos protagonistas de escucha y discernimiento. También esta búsqueda la compartimos con otros hermanos que no profesan la misma fe, o que tienen una perspectiva humanista de su existencia. La sinodalidad tiene una nota ecuménica que no puede faltar. El sentido de fe de quienes buscan con un corazón sincero lleva a ese “consenso en el Espíritu”, que no es lo mismo que la opinión pública (cf. DFS 22). Es la manifestación del Espíritu en el corazón de los cristianos y en el seno del Pueblo de Dios.

  1. Estilo y Espiritualidad sinodales

          La sinodalidad no tiene un fin en sí misma, sino que se orienta hacia la misión de la Iglesia. La sinodalidad y la misión son caras de una misma moneda. La sinodalidad favorece, de esta manera, la actualización de los contextos donde se vive la comunión del Pueblo de Dios, para que su anuncio pueda arraigar en la cultura. En tal sentido la interculturalidad y el diálogo entre diferentes religiones son aspectos fundamentales de la sinodalidad.

          La sinodalidad tiene siempre su raíz en la persona, en el bautizado. Por eso, se puede decir que “La sinodalidad es ante todo una disposición espiritual que impregna la vida cotidiana de los bautizados y todos los aspectos de la misión de la Iglesia. Una espiritualidad sinodal brota de la acción del Espíritu Santo y requiere escucha de la Palabra de Dios, la contemplación, el silencio y la conversión del corazón” (DFS 43), que luego se manifiesta en el encuentro con los otros.

          La acción del Espíritu se hace indispensable en el camino sinodal. Por eso, el camino de comunión y misión de la Iglesia solamente es posible mediante la apertura incondicional a la gracia de Dios. La sinodalidad también posee una dimensión profética, ya que no estamos acostumbrados a escucharnos, a respetar el pensamiento del otro, a ponernos de acuerdo en las cosas fundamentales. Vivida en la Iglesia, testimonia la comunión en la diversidad de búsquedas, teniendo como fondo el misterio trinitario, que nos contiene y nos anima.

  1. Para profundizar
  • ¿Siento el Bautismo como realidad presente y actuante en mi vida, como un don actual?
  • ¿Estoy dispuesto a caminar y a buscar junto a otros la voluntad de Dios, renunciando a ideas personales y superando conflictos secundarios?
  • ¿Identifico algunas tentaciones contra la sinodalidad en mí y en mi comunidad?

Para descargar la versión en PDF, haz CLICK AQUÍ