Mensaje de Cuaresma 2016 Año de la Misericordia

 
 
“FELICES LOS MISERICORDIOSOS, PORQUE ALCANZARÁN MISERICORDIA” (Mt 5,7)”
 
La misericordia es un don de Dios. Así lo atestigua con gran transparencia toda la Sagrada Escritura, y en particular el evangelio de Lucas. Leemos, por ejemplo, en el hermoso cántico de Zacarías: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto” (Lc 1,78). La misericordia es un don gratuito e inmerecido. Sobre la plataforma de esta verdad fundamental, también se puede afirmar que la misericordia es una actitud, una acción, una obra humana, fruto de esa experiencia de la misericordia divina. Se realiza en aquella persona que es alcanzada y abrazada por el amor fiel de Dios. Así lo indica esta bienaventuranza de Jesús, que propongo como pensamiento orientador, para este tiempo cuaresmal en nuestra Iglesia Particular de Reconquista: “Felices los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia” (Mt 5,7). 
 
Sin dudas que, en el Año de la Misericordia, recientemente iniciado, la cuaresma tendrá que ser un tiempo privilegiado para recibir los frutos de compasión, de ternura, de amor, que el Señor nos quiere regalar, a cada uno personalmente, y a todos en comunidad. Todos somos mendigos de la misericordia del Padre. Algo que, podremos redescubrir, acercándonos a Dios por medio la lectura de la Palabra, por la oración personal y comunitaria, por medio de la peregrinación y otras prácticas de piedad. Acercarnos a Dios con un corazón abierto y humilde.
 
La misericordia también tendremos que vivirla mediante la renuncia y el gesto concreto de amor al hermano, asumiendo dos movimientos espirituales que van estrechamente entrelazados: austeridad y generosidad. En tal sentido, y siguiendo el cauce de la tercera de nuestras Prioridades Diocesanas y la invitación del Papa Francisco en su Mensaje Cuaresmal, los exhorto a recordar y vivir de un modo privilegiado las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales. Las transcribo a continuación, para que podamos detenernos en esta magnífica propuesta de humanismo cristiano. Las obras de misericordia corporales son: dar de comer al hambriento; dar de beber al sediento; recibir al forastero; vestir al desnudo; visitar al enfermo; socorrer a los presos; enterrar a los muertos. Por su parte, las obras de misericordia espirituales: enseñar al que no sabe; dar buen consejo al que lo necesita; corregir al que está en error; perdonar las injurias; consolar al triste; sufrir con paciencia los defectos de los demás; rogar a Dios por vivos y difuntos.
 
Tenemos, aquí, un maravilloso programa para vivir cotidianamente la experiencia de la misericordia, siguiendo las palabras del mismo Jesús, quien citando al profeta Oseas, señala: “Misericordia quiero y no sacrificios” (Mt 9,13; cf. Os 6,6). La misericordia es, en el Nuevo Testamento, sinónimo de limosna. Evidentemente, este detalle nos hace pensar que la limosna es mucho más que dar de lo que nos sobra. Tampoco es dar forzadamente. Dar limosna es expresar en gestos concretos la experiencia de la misericordia de Dios que nos ha alcanzado y transformado. Puede parecer una sutil distinción, pero aquí se juega lo fundamental de la fe cristiana: la apertura a la acción de la gracia. Lo demás es voluntarismo, o fariseísmo, dos extremos que frecuentemente se juntan y que resultan muy nocivos para nuestros vínculos con Dios y con los hermanos.
 
Con ese espíritu podremos vivir la “colecta cuaresmal del uno por ciento”, la cual ya forma parte de nuestra identidad diocesana. Sabemos que la práctica de la limosna, es decir, de la misericordia, va mucho más allá que un acto aislado de ayuda al hermano. Es consecuencia de un recorrido, de un itinerario específico. Este año, nuestro aporte, debiera ser fruto de nuestra gratitud por haber sido bendecidos con el don de la misericordia.
Espero ardientemente que la cuaresma sea, entonces, un camino de misericordia, para poder gozar juntos de la alegría de la Pascua. Y que María, Nuestra Madre, vuelva a nosotros sus ojos misericordiosos, y nos conceda de parte del Señor la valentía para hacer de la misericordia nuestro estilo de vida.
+ Mons. Ángel José Macín
Obispo de Reconquista