
Con mucha alegría y gozo marchamos por las calles de la ciudad, agradeciendo a Dios por el don de la Vida y la Familia.
En este manifiesto se reflejan nuestros sufrimientos, denunciamos la situación y estado en que se encuentran muchas familias, pero sobre todo proclamamos los compromisos que como Iglesia de Reconquista renovamos para comunicar nuestra fe cristiana y así poder luego, testimoniarla con acciones y gestos concretos a nuestros hermanos y hermanas.
MANIFIESTO DE LAS FAMILIAS DIOCESIS DE RECONQUISTA
03 de octubre de 2015
“Lo mejor para las familias está por venir”
En el marco de la realización del Sínodo Ordinario de los Obispos, convocado por el Papa Francisco, sobre la Familia.
Señor Jesucristo, las familias que peregrinamos a lo largo y a lo ancho, del norte santafesino, que conforma la Diócesis de Reconquista, estamos hoy de pie ante Ti y de cara a la sociedad toda, para expresar ante todo nuestra Fe cristiana, Fe en Tú amor y en Tú misericordia.
Fe y confianza en que Tú nunca abandonas a tú Pueblo, Fe en que caminas con nosotros, compartiendo nuestros dolores y sufrimientos, nuestras luchas y esperanzas.
Fe en que sostienes nuestros pasos, Fe en que mantienes encendida en nuestros hogares la llama del amor familiar y la caridad hecha amor conyugal.
Ante Ti, Señor Jesús, esposo fiel y amoroso de tú pueblo y ante la sociedad toda, de la que formamos parte, queremos expresar nuestros dolores, nuestros sufrimientos, que en nuestros labios se convierten en lamento y en denuncia de aquello que atropella y deshonra nuestra dignidad familiar.
Queremos denunciar los atropellos a los que somos sometidas las familias, como es el abandono por parte del Estado y de las instituciones, de las familias más pobres de nuestro norte santafesino. Abandono que supone indiferencia, exclusión y más pobreza.
Queremos denunciar el menosprecio a la vida y a la persona humana, especialmente a los que aún no han nacido y que no pueden defenderse por sí mismos.
Queremos denunciar el ultraje a los que se ven sometidos nuestros niños, nuestros adolescentes y jóvenes, a los que día a día la droga, el alcoholismo, la tentación de la delincuencia, roban su futuro y los condenan a una vida sin sentido y a vagar sin rumbo por las calles de nuestras ciudades y pueblos.
Queremos denunciar la deshonra que muchas veces viven nuestras mujeres, sometidas a la violencia, la prostitución, la discriminación laboral, la minusvaloración por el sólo hecho de ser mujeres y madres.
Queremos denunciar la degradación y maltrato cotidiano que sufren nuestros ancianos y abuelos, fruto de la desvalorización de su dignidad y de una sociedad que sólo tiene en cuenta a aquellos que producen y relega a aquellos que aparentemente ya nada pueden dar.
Queremos denunciar el abuso y la opresión a la que son sujetos, día a día los hombres, nuestros esposos, padres y trabajadores, que deben mendigar un trabajo digno, o aceptar el pan para sus hijos y nuestras familias, a costa de entregar la propia dignidad.
Queremos denunciar la indiferencia y la falta de respeto a las leyes y normas de la República, que protegen y garantizan los derechos de las familias y que debieran ser cumplidas y honradas por todos, especialmente por los gobernantes.
Señor Jesucristo, aunque estamos heridos como familia, tenemos la fe y la esperanza de que: “lo mejor para nuestras familias, está por venir”.
Es por ello que ante ti y de cara a la sociedad, que formamos parte, queremos renovar nuestro compromiso como familias cristianas.
Nos comprometemos como cristianos y como parte de la gran familia a la que llamamos Iglesia, a acoger a todas las familias en el seno de nuestras comunidades parroquiales, sin discriminación, así como vienen: heridas, destrozadas, fragmentadas y ser para ellas hospital de campaña, abrazo tierno, hombro en el que llorar juntos, agua fresca que calme la sed de la fatiga y cure las malas heridas.
Nos comprometemos a defender la vida, tanto la que aún no ha nacido como la que está culminando.
Nos comprometemos a renovar nuestro ardor y entusiasmo por anunciar el Evangelio de las Familias. Ya que la familia sigue siendo escuela de humanidad, de diálogo, de comprensión mutua y de perdón.
Nos comprometemos a acompañar con esfuerzos y acciones pastorales concretas, a las familias que están heridas por la división, la separación o el rencor. Especialmente comprometemos nuestra cercanía con aquellas situaciones familiares difíciles como son: los divorciados en nueva unión, los abandonados por el cónyuge, los convivientes, la unión de personas del mismo sexo, los unidos sólo civilmente.
Nos comprometemos a acompañar a los jóvenes en la etapa del noviazgo, para transmitirles la alegría que conlleva el fundar una nueva familia y la experiencia de aquellos que han enfrentado y superado dificultades y crisis.
Nos comprometemos a trabajar codo a codo con aquellos hombres y mujeres, de buena voluntad, que valoran la familia y la promocionan, ya sea individualmente, ya sea en otras instituciones.
Señor Jesús, creemos verdaderamente que en este tiempo desafiante y complejo, lo mejor para nuestras familias está por venir.
“Como Iglesia no podemos mezquinar la misericordia que nos ha alcanzado a nosotros” (Mons. Dr. Ángel José Macín, Carta Pastoral, Relanzando la Pastoral Orgánica Diocesana, plataforma fundamental para una misión amplia y permanente).
Creemos que nos tienes preparado el vino nuevo, en el banquete de bodas, en que nuestras familias, con sus luces y sombras, se sentarán en torno a Ti, y que allí, bailaremos juntos en la fiesta de bodas que nos haz preparado.
Es por eso, que en esta tarde queremos gritar con voz alta y clara para que se escuche en todos los rincones de nuestro norte santafesino, tan olvidado y herido.
Queridas familias allí donde estén: “Tengan Fe y esperanza, lo mejor para las familias, está por venir; porque Dios, el hijo de María y de José, nunca nos defraudará. Porque en aquella boda, él enjugará cada lágrima, el curará toda herida”.
Créanlo con el corazón, “Lo mejor para nuestras familias está por venir”.
Pastoral Familiar Diócesis de Reconquista Obispado de Reconquista