Este encuentro se realizó para celebrar los treinta años de trabajo conjunto de la Pastoral de Juventud. Fueron 24 horas corridas en las que los jóvenes pertenecientes a las diócesis de la Región Nea vivieron un proceso de ver, juzgar y actuar sobre la historia de la Pastoral Regional, con momentos de reflexión, oración y celebración.
La cita fue a las 12.00 en el Instituto Pío XI y entre los diferentes momentos del encuentro se destaca la santa Misa que presidió monseñor Stanovnik y que fue concelebrarán por los obispos del Nea presentes. Asimismo también se resalta que cada diócesis presentó la historia de su pastoral juvenil. Al terminar la Misa, el sábado a la noche, recorrieron la costanera mostrando a la comunidad correntina la presencia de una juventud sana, que se congrega con buenos fines y que tiene metas a largo plazo en las que se destaca su compromiso en la construcción de una civilización del amor, como reza el lema que elegimos este año.
El domingo por la mañana, como gesto ciudadano, los jóvenes salieron del Colegio y se dirigieron a la Costanera Sur para realizar una limpieza general de aquellos desperdicios que quedaron luego de la noche de los boliches allí ubicados.
Terminaron sobre el mediodía, donde vieron un video que resumía las 24 horas vividas.
1. “Alzando las manos los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos y fue llevado al cielo” (Lc 24,50-51). Con una bendición el Resucitado se despide de los apóstoles, desde Jerusalén, lugar centro de la salvación. Allí mismo deberán esperar la Promesa del Padre para ser revestidos de la fuerza de lo Alto: allí serán bautizados con el Espíritu Santo y el fuego (He 1,4-5). El Espíritu Santo hace comprender las Sagradas Escrituras, descubre el plan de misericordia realizado en Jesús, muerto y resucitado por nosotros; y es el Espíritu Santo que nos impulsa a anunciar la novedad de Dios. Con la Ascensión el Resucitado abre el tiempo de la Iglesia y del protagonismo de todos sus discípulos.
2. La Iglesia de la que somos parte y la que queremos construir. La celebración de los 30 años de la Pastoral de Juventud en la región trae a la memoria la alegría de sentirnos Iglesia, Iglesia de Cristo, imagen de la Trinidad, “casa y escuela de comunión”. En esta Iglesia hemos experimentado el amor de María, como madre, como servidora y compañera de camino en nuestro peregrinar a su santuario, y en la vida. Pero es también un sentir común y profundo que hoy estamos llamados a hacer creíble el mensaje de Jesús con nuestro testimonio claro y comprometido, con nuestra coherencia y con nuestra fidelidad al Señor en nuestras dificultades y contradicciones. Cada uno de nosotros también hace y construye la Iglesia de Jesús al celebrar la vida, luchando y preparando un futuro digno, apoyados en Dios y con fuerza de su Eucaristía.
3. La sociedad de la que somos parte y la sociedad que soñamos para vivir. Es importante tomar conciencia de la realidad en la que estamos inmersos: donde parece triunfar solo el ideal del dinero y de la felicidad del momento a cualquier precio. Sin tener respeto por la dignidad del que está al lado mío, y sobre todo de los más pobres y excluidos. Jesucristo y María nos han enseñado a buscar y a construir un ambiente y una sociedad en la que todos somos protagonistas. Juntos con ellos apostamos por el supremo valor de la vida de cada uno. Apostamos por el amor como vocación humana, el amor que es entrega y respeto, en la solidaridad y en la verdad, en el diálogo y la participación. La comunión que vivimos en la Iglesia es necesario hacerla desbordar en nuestros ambientes respetando las diferencias, integrando la diversidad con el diálogo y en el intercambio de dones, para construir el “nosotros” de la comunión solidaria (NMA 65).
4. El Dios en quien creemos y al que queremos anunciar.
Creemos en el Dios de la Vida y de la Historia que se juega por la vida, actúa contra todo lo que la amenaza o la destruye y llama a optar siempre por ella.
Creemos en Jesús, el Emmanuel, el muerto y resucitado que nos propone un estilo de vida exigente y fascinante a la vez.
Creemos en el Espíritu Santo, que está silenciosamente presente en la historia de los pueblos y en la de cada uno de nosotros, que obra, inspira y fortalece que seamos conducidos en nuestro caminar, como Jesús. Él nos santifica y nos renueva continuamente. Nos hace descubrirnos hijos amados de Dios, hermanos entre nosotros. Dios es nuestra fuerza y con él los jóvenes pueden asumir su vida como vocación, construir y desarrollar su proyecto de vida basado en el proyecto de Jesús: buscar el Reino de Dios, anunciarlo y vivir por este Reino (NMA 78-79).
Nuestra misión significa asumir un protagonismo mayor, construir la propia identidad con la luz del evangelio y discernir un proyecto social.
Nuestra misión es sentirnos ciudadanos responsables y constructores de una sociedad nueva. Nuestro compromiso y nuestro estilo de vida se forja en el servicio alegre y sencillo. Esos gestos concretos siembran ya la esperanza: nos anima la certeza de Jesús, vivo y presente entre nosotros.
5. Seguimos caminando junto a María. Jesús, antes de su ascensión, al despedirse de su discípulos les recuerda de un modo fuerte e incisivo: “Ustedes son mis testigos de todo esto” (Lc 24,48). También dos hombres vestidos de blanco interpelan a los presentes: “¿Por qué siguen mirando al cielo…?” (He 1,11).
La fiesta de la Ascensión del Señor invita a la alegría porque ya nuestra humanidad participa en Jesús de la gloria de Dios: Dios ha comunicado su vida y Jesús ha llevado nuestra humanidad al corazón de Dios . Pero también con la luz que viene de esas palabras, esta fiesta nos impulsa a la hermosa y gran tarea de trabajar para transformar el mundo según el plan de Dios. Tarea que implica un espíritu creativo y comunicación de nuestros dones. La palabra de Jesús nos abre a la misión, y a usar todos los medios para acercar la realidad de Dios en nuestros ambientes.
María ha mirado nuestra tierra y acompaña a sus hijos. Ella nos anima y fortalece para que sigamos construyendo la civilización del amor: civilización que dignifica a la persona, que hace bendita a todas las manos que trasforman el mundo y que hace resplandecer la verdad de ser y sabernos Iglesia de Jesús.
“La Palabra de Dios podrá así navegar mar adentro hacia las numerosas encrucijadas que crea la tupida red de autopistas del ciberespacio, y afirmar el derecho de ciudadanía de Dios en cada época, para que Él pueda avanzar a través de las nuevas formas de comunicación por las calles de las ciudades y detenerse ante los umbrales de las casas y de los corazones y decir de nuevo: ‘Estoy a la puerta llamando. Si alguien oye y me abre, entraré y cenaremos juntos’ (Ap 3,20)”.
“La Iglesia está llamada a ejercer una ‘diaconía de la cultura’ en el ‘continente digital’. Con el Evangelio en la mano y en el corazón (…) hemos de continuar preparando los caminos que conducen a la Palabra de Dios, sin descuidar una atención particular a quién está en actitud de búsqueda. (…) Procurando mantener viva esa búsqueda como primer paso de la evangelización. Así, una pastoral en el mundo digital está llamada a tener en cuenta también a quienes no creen y desconfían, pero que llevan en el corazón los deseos de absoluto y de verdades perennes, pues esos medios permiten entrar en contacto con creyentes de cualquier tipo de religión, con no creyentes y con personas de todas la culturas. Así como el profeta Isaías llegó a imaginar una casa de oración para todos los pueblos (cf. Is 56,7), quizás sea posible imaginar que podamos abrir en la red un espacio – como el ‘patio de los gentiles’ del Templo de Jerusalén – también para aquellos a quienes Dios sigue siendo un desconocido”.
Obispo de Reconquista