32º Peregrinación Juvenil a la basílica de Itatí

Miles de jóvenes y adultos del NEA participaron este pasado fin de semana de la 32º Peregrinación Juvenil a la basílica de “Nuestra Señora de Itatí”, bajo el lema: “Como María, arraigados y edificados en Cristo firmes en la fe”.

La Misa Central  estuvo presidida por el arzobispo de Corrientes, Mons. Andrés Stanovnik, y concelebrada por el arzobispo de Resistencia, Mons. Fabriciano Sigampa; y los obispos de San Roque (Sáenz Peña), Mons. Hugo Barbaro; de Formosa, Mons. José Conejero Gallego; de Goya, Mons. Ricardo Faifer; de Santo Tomé, Mons. Hugo Santiago; de Posadas, Mons. Juan Martínez; y Mons. Ramón Dus, de Reconquista.

Durante la homilía, nuestro Obispo Diocesano, alentó a los jóvenes a no tener miedo al compromiso social ya que ellos, utilizando palabras de Benedicto XVI, están “llamados a brillar e iluminar la sociedad desde su fe en Jesús. Además, asumió que “a la Iglesia, le hacen más daño las culpas propias originadas por la mediocridad de los cristianos que quienes la atacan desde afuera”.

Al finalizar la Misa, el presbítero Ariel Giménez anunció el lema que iluminará la “XXXIII Peregrinación Juvenil del NEA”, en 2012: “Nuestra vida y nuestros sueños, junto a María”.

Texto completo de la Homilía de Mons. Ramón A. Dus

 «COMO MARÍA, ARRAIGADOS Y EDIFICADOS EN CRISTO, FIRMES EN LA FE»

1.    VISIBILIDAD
Ustedes jóvenes presente aquí son un signo: “una cascada de luz” como dijo PP Benedicto XVI. Por que dan visibilidad a la fe, dan visibilidad a la presencia de Dios y de María en nuestras tierras.
Dan valentía para ser creyentes, al manifestar la fe. Muchas veces, sobre todos los jóvenes se sienten aislados en su ambiente, en el mundo, casi perdidos. Aquí nos reconocemos: no estamos solos; hay una gran red de fe, una gran comunidad de creyentes, que da alegría y hace decir que es hermoso vivir; que la fe nos hace amigos. Esta red de creyentes, une a nuestra región y a nuestras diócesis con el Dios vivo. Es una realidad importante para nuestro presente y para nuestro futuro.

También esta peregrinación en sus 32 años de existencia es un signo luminoso: forma parte de una camino más grande. Es preparado por la presencia de María de Itatí que visita nuestras comunidades, de tal modo que nos entrena para ponernos en camino hacia los demás, y juntos, hacia Dios. Así se crea la amistad, se abren nuestras mentes y corazones a la vida y la experiencia de otros, y se hace visible que es hermoso estar con Dios y que Dios está con nosotros.
Nuestro lema de hoy nos ha convocado: Como María, arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe.

2.    ARRAIGADOS EN LA FE
¿Cómo puede un joven estar arraigado, ser fiel a la fe cristiana, y seguir aspirando a grandes ideales en la sociedad actual? En el evangelio, Jesús nos da una respuesta a esta importante cuestión: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permanezcan en mi amor» (Jn 15, 9).

Sí, queridos jóvenes, Dios nos ama. Esta es la gran verdad de nuestra vida y que da sentido a todo lo demás. No somos fruto de la casualidad o de algo irracional, sino que en el origen de nuestra existencia hay un proyecto de amor de Dios.
Permanecer en su amor significa entonces vivir arraigados en la fe, porque la fe no es la simple aceptación de unas verdades abstractas, sino una relación íntima con Cristo que nos lleva a abrir nuestro corazón a este misterio de amor y a vivir como personas que se saben amadas por Dios.

Si permanecemos en el amor de Cristo, arraigados en la fe, encontraremos, aun en medio de contrariedades y sufrimientos, la raíz del gozo y la alegría. La fe no se opone a nuestros ideales más altos; al contrario, los exalta y los perfecciona.
Queridos jóvenes, no nos podemos conformar con menos que la verdad y el amor, no nos conformemos con menos que Cristo, Verdad y Vida.

3.    EN ESTE MOMENTO DE LA HISTORIA
Queridos
jóvenes, que en este momento de la historia ninguna adversidad nos paralice. No tengamos miedo al mundo, ni al futuro, ni a nuestra debilidad. El Señor nos ha otorgado vivir en este momento de la historia, para comprometernos con ella desde nuestro lugar y vocación. Gracias a nuestra fe viva puede seguir resonando su Nombre en toda la tierra.
Hoy al concluir nuestra peregrinación, Dios nos ayuda a iluminar mejor nuestra vocación en la sociedad y en la Iglesia, y a perseverar en ella con alegría y fidelidad. Vale la pena acoger en nuestro interior la llamada de Cristo y seguir con valentía y generosidad el camino que él nos proponga.

A muchos, el Señor los llama al matrimonio, en el que un hombre y una mujer, formando una sola carne (cf. Gn 2, 24), se realizan en una profunda vida de comunión. Es un horizonte luminoso y exigente a la vez. Un proyecto de amor verdadero que se renueva y ahonda cada día compartiendo alegrías y dificultades, y que se caracteriza por una entrega de la totalidad de la persona. Por eso, reconocer la belleza y bondad del matrimonio significa ser conscientes de que solo un ámbito de fidelidad y unidad para siempre (indisolubilidad), así como de apertura al don divino de la vida, es el adecuado a la grandeza y dignidad del amor matrimonial.

A otros, en cambio, Cristo los llama a seguirlo más de cerca en el sacerdocio o en la vida consagrada. Qué hermoso es saber que Jesús te busca, se fija en ti y con su voz inconfundible te dice también a ti: «¡Sígueme!» (cf. Mc 2, 14).
Pero para descubrir y seguir fielmente la forma de vida a la que el Señor nos llama a cada uno, es indispensable permanecer en su amor como amigos.
Unos y otros, nos preguntamos ¿cómo se mantiene la amistad si no es con el trato frecuente, la conversación, el estar juntos y el compartir ilusiones o pesares? Santa Teresa de Jesús decía que la oración es «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (cf. Libro de la vida, 8). Dialogar con Él, poner ante él nuestras preguntas y escucharlo, nuestra comunión con Dios crece. Es es la oración.

4.    CAMINAR CON ÉL EN LA COMUNIÓN DE LA IGLESIA
Pero
también fortalezcamos nuestra fe recordando que seguir a Jesús significa caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir “por su cuenta” o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él.
Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos
, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros.
Amemos a la Iglesia, que nos ha engendrado en la fe, que nos ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que nos ha hecho descubrir la belleza de su amor.
Para el crecimiento de la amistad con Cristo es fundamental reconocer la importancia de insertarnos en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y la oración y meditación de la Palabra de Dios.

5.    COMUNICAR A LOS DEMÁS LA ALEGRÍA DE NUESTRA FE
De esta amistad con Jesús nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. A Cristo no sirve guardarlo para uno mismo: hay que comunicar a los demás la alegría de nuestra fe.
El mundo necesita el testimonio de nuestra fe, necesita ciertamente a Dios.

A nosotros incumbe de forma directa, la extraordinaria tarea de ser discípulos y misioneros de Cristo para la multitud de jóvenes que aspiran a cosas más grandes, que vislumbran en sus corazones la posibilidad de valores más auténticos, y no se dejan seducir por las falsas promesas de un estilo de vida sin Dios.

En la historia, algunos finos observadores han señalado frecuentemente que el daño a la Iglesia no lo provocan sus adversarios, sino los cristianos mediocres. Hoy predominan formas de mal más bien oscuras, que pueden envolvernos como una niebla difusa, como la pereza, la lentitud en querer el bien, y lentitud de hacer el bien. (…)
Una vela puede dar luz solamente si la llama la consume. Sería inservible si su cera no alimentase el fuego. Que Cristo brille y arda en todos nosotros, aun cuando ello comporte a veces sacrificio y renuncia. No temamos perder algo; no temamos quedarnos al final, por así decirlo, con las manos vacías. Tengamos la valentía de usar nuestros talentos y nuestros dones al servicio del Reino de Dios y de entregarnos nosotros mismos, como la cera de la vela, para que el Señor ilumine la oscuridad a través de nosotros (cf. PP Benedicto XVI, A los jóvenes de Alemania, septiembre de 2011)

Tengamos el coraje de ser cristianos (santos como fueron los primeros cristianos) que iluminan y brillan, y en cuyos ojos y corazones reluce el amor de Cristo, llevando así luz al mundo. Que podamos ser nosotros y tantos otros jóvenes de nuestra región esas llamas de esperanza que no quedan ocultas. Jesús nos dijo: “Ustedes son la luz del mundo”.

Queridos jóvenes, nos encomendamos a la Virgen María, N. S. de Itatí, para que ella nos acompañe siempre con su intercesión materna.
Ella nos enraíza en el Amor de Cristo.
Ella nos edifica como Iglesia familia, y casa donde se custodia la comunión y la fraternidad.  
María, Madre de la alegría y de la Luz nos ayuda a irradiar la alegría cristiana.
María, Madre de la Vida  nos hará siempre testigos de la vida que hoy agradecemos, que valoramos en su dignidad para todos, y que hoy aquí especialmente celebramos.

 

Mons Ramon Alfredo Dus
Obispo de Reconquista