NUEVA COMISIÓN DIRECTIVA DE CÁRITAS DIOCESANA

Después de la presentación de nombres en la última Asamblea de Cáritas Diocesana, y en un diálogo sinodal que contempló varias instancias, el obispo diocesano, Mons. Ángel José Macín, nombró la nueva comisión de este organismo, por el período de tres años.

Como por oficio el obispo es el presidente, los nuevos integrantes de la comisión son:

Vice-presidente: Pbro. Javier Ubaldo Pividori

Director: Horacio Ceferino Moschén (Pquia. San Juan Bautista, Vera)

Vice-Directora: Elma Báez (Pquia. Inmaculada, Villa Ocampo)

Tesorero: Alfredo Esteban (Pquia. Inmaculada, Reconquista)

Secretaria: Verónica Salas (Pquia. Santa Ana, Florencia)

Pro-secretaria: Macarena Stangaferro (Pquia. Virgen de Itatí, Fortín Olmos)

Además, sin ser parte de la Comisión, pero en estrecha relación con ella, especialmente con el vicepresidente y el director, nombró como Secretaria Ejecutiva y Administrativa a Natalia Enrique (Pquia. Inmaculada Concepción, Reconquista).

En el decreto correspondiente, el obispo agradece vivamente a varias personas que fueron parte de la comisión durante estos años, especialmente a María Rosa Moyano, por diferentes motivos, estuvo a cargo de la institución por un extenso período.

Entre otras cosas, Mons. Macín encarga a la nueva comisión tener como marco de discernimiento y operativo las Nuevas Líneas de Acción de Cáritas y las Líneas Pastorales Diocesanas, atendiendo especialmente la recreación del vínculo con las Caritas Parroquiales y valorando el trabajo voluntario de muchos agentes, que viven este servicio como expresión de la caridad cristiana que nos compete a todos. Además, le encarga revisar y optimizar el funcionamiento de las diferentes áreas del Equipo Diocesano.

Se estima que, en la segunda quincena de noviembre, con posterioridad a la esperada visita de León XIV y contando con un tiempo necesario para la transición serena, asumirá formalmente la nueva comisión.

Invitamos a todos los fieles a recordar que la caridad organizada no nos exime de la caridad vivida a nivel personal, como expresión eminente de nuestra condición de cristianos.