Releyendo la Palabra

 

Con alegría y gratitud recibimos la edición de  las reflexiones radiales del Pbro. Aldo Martini. La luz del Evangelio puede transfigurar nuestras situaciones cotidianas cuando la Palabra de Dios encuentra espacio en nuestra vida y en nuestro corazón creyente. Estas “relecturas” de la Palabra de Dios, testimonian un amor vivo por ella, un modo inteligente de comprenderla y una forma popular para descubrir la cercanía de Dios en las circunstancias de cada día.Felicitamos al P. Martini y le auguramos recoger los frutos de la Palabra que generosamente siembra por la radio y ahora por escrito.  

 

«Gánense amigos con el dinero de la injusticia»

 

Pobrecito el Pancracio.

Se creyó dueño de su vida y de la vida ajena.

Se aprovechó de todo aquello que lo ayudó a ser mas rico cada día.

No le importó el modo o la manera para lograrlo.

Se aprovechó de cuanto pobre encontró en su camino.

Engañó a cuanto Cristo se le puso por delante.

Robó a las viudas lo poco que les había quedado por la muerte del marido.

Se hizo amigo de las autoridades para poder jorobar al prójimo.

Se reía se algún amigo le tocaba el «asunto».

Él, el Pancracio, no tenía porque darle cuenta a nadie.

Ni siquiera Dios podía meterse en sus negocios.

El mundo, decía, es para quienes arriesgan el cuero.

Y así andaba el hombre.

Riéndose de Dios y de cuantos hablaban de moralidad.

Para los negocios no existía moral alguna, decía el «Pancra».

Y lo mejor era aprovecharse siempre de la bolada.

«No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy», se repetía el hombre.

Se llenó los bolsillos del dinero mal habido.

Llenó su casa de cosas lindas y costosas.

Cambió de auto a cada rato.

El Pancracio podía comprar todo.

De lo que se olvidó fue de su salud.

Y a esa si que no podía comprarla.

Sintió que algo le decía, muy adentro, que le iban a pedir cuenta de su vida.

Y, entonces, si que se acordó de Dios.

Dios le exigiría cuenta de cómo había administrado toda su existencia.

Lo charló con su esposa que era una muy buena cristiana.

Comenzó a repartir las cosas y dineros a quienes había perjudicado.

La comunidad no podía entenderlo.

El Pancracio sanó, pero por sobre todo, salvó su vida toda.

 

(San Lucas 16, 1-13

¿Que me dice la frase: «no se puede servir a Dios y al dinero?

 

Ref. A. Martini, Releyendo la Palabra. Por las huellas de Dios, Pag. 36.