¿Qué son las redes eclesiales y por qué son tan necesarias hoy?
El obispo de Reconquista y coordinador regional de la Red Eclesial Gran Chaco y Acuífero Guaraní (REGCHAG), Mons. Ángel José Macín, comparte una reflexión sobre la identidad, la misión y los desafíos de las redes eclesiales en este tiempo histórico.
A partir de su experiencia pastoral, el texto invita a profundizar el sentido de caminar en red, fortalecer los vínculos con las Iglesias locales y asumir una vocación profética que nace desde los territorios y las periferias.
A continuación, compartimos íntegramente su escrito y la versión en PDF al final del mismo:
REDES ECLESIALES
Una experiencia nueva, entre aciertos y desafíos
Desde hace más de diez años vienen gestándose y desarrollándose diversas expresiones eclesiales que reciben el nombre de redes, por sus características y la interconexión que suponen. En su origen, responden a una cuestión cultural que tiene que ver con la informática, el desarrollo de la telefonía celular, la globalización. También a una visión que se fue desarrollando en la Iglesia a partir del pontificado de Francisco y su reconocida expresión “todo está relacionado, y que el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás” (LS 70). Todo está interconectado en la creación. Asimismo, el crecimiento de un espíritu sinodal en el seno de la Iglesia ha puesto de manifiesto con mayor claridad este punto. Finalmente, y aunque de un modo indirecto, no convendría descuidar el lenguaje evangélico como sustento de las mismas (cf. Lc 15,4-11; Jn 21,6-11).
Existen redes territoriales y redes temáticas. Aquellas redes territoriales tienen como uno de sus cometidos, poner en contacto a diferentes actores de una región para contar su vida y potenciar visibilizaciones de situaciones problemáticas, en tanto que las redes temáticas hacen lo mismo con grupos y personas que mantienen interés por un tema. Habitan más claramente las periferias existenciales. El funcionamiento de las mismas es al mismo tiempo sincrónico y diacrónico, en tanto y en cuanto buscan generar y afianzar vínculos en torno a una misión, respetando el estilo y la finalidad de cada una de las instituciones y grupos que las componen. La articulación de estos dos aspectos es esencial y que hay que cuidar permanentemente.
Sin dudas las redes, especialmente las redes territoriales, tienen un especial componente de ecología integral, asumiendo particularmente los conceptos de Laudato Si’ del Papa Francisco, mientras que las redes temáticas asumen cuestiones complejas como la migración, la lucha contra la megaminería y otros graves problemas de nuestro tiempo.
En esta reflexión pretendo, desde mi experiencia, sugerir algunos aspectos que es necesario profundizar para que sigan su camino de crecimiento, ofreciendo a la Iglesia el aire fresco del Espíritu, y su caudal de vida no vaya a perderse como un río en el desierto…
- Acerca de su identidad y su misión
Las redes eclesiales tienen un marco de referencia claro que es la vida misma de la Iglesia, Pueblo de Dios (cf. LG 9ss). Por supuesto, con un tono ecuménico e interreligioso. Sin embargo, observando más de cerca su constitución, no siempre resulta fácil que se manifieste de un modo transparente el propósito de las mismas.
Las instituciones que las forman o las personas que individualmente hacen parte de las mismas, tienen un acervo cultural diferente, experiencias de vida cristiana diversas, percepciones de la realidad propias, lo cual a veces hace que se asuma la identidad de la red como propia con cierta lentitud. En términos populares diríamos que algunas personas o instituciones tardan en “ponerse la camiseta de la red”, comprender como funciona el vínculo entre lo propio y el bien común.
El trámite de este asunto es fundamental y decisivo. La identidad de la red no se opone o superpone a lo que un sujeto, individual o colectivo, entiende y vive sobre la fe. No anula sus opciones y su estilo, sino que amplía los horizontes, dándole el espíritu de universalidad que es propio de la Iglesia. No se trata de decir pertenezco a tal grupo o soy de la red tal o cual. Soy cristiano, vivo mi experiencia de un modo original y adhiero a la red que representa mis luchas y mis ideales. La identidad en una red es algo que suma, que ayuda a crecer, no algo que sofoca la realidad que ya se está viviendo, con gran respeto a la diversidad de formas.
Se trata de una identidad flexible, que hace leva en la condición de bautizados y de miembros del Pueblo Santo de Dios. Rige de un modo importante el principio de subsidiariedad, que indica que el mayor no tiene que hacer lo que puede el menor y si amplificar la acción del menor en una escala mayor (cf, Compendio Doctrina Social de la Iglesia 185 y 186). Las redes tienen una especie de identidad subsidiaria, que afirma las identidades particulares y las promueve.
- El vínculo con las Iglesias Locales
Tanto para las redes territoriales como aquellas temáticas, un desafío es reconocer y asumir la constitución fundamental de la Iglesia. La Iglesia de Cristo, animada por el sucesor de Pedro, en comunión con el colegio apostólico, se hace presente toda ella en cada Iglesia particular, presidida en la fe y el servicio por un sucesor de los apóstoles. Las instancias supra-diocesanas nunca pueden desconectarse de este entramado primario y fundamental.
En principio, la acción de una red nunca puede contradecir ni funcionar fuera de este marco. Existe el riesgo, sin embargo, que las redes “sobrevuelen” las Iglesias Particulares, perdiendo así arraigo y fecundidad. Una red hunde sus raíces en cada Iglesia Particular, y tiene que permanecer vinculada a los sucesores de los apóstoles, de algún modo, que las confirman en su accionar.
La eclesiología y el Derecho Canónico tendrán que seguir buscando y encontrando expresiones que ayuden y organicen estos vínculos, que permitan percibir con claridad la pertenencia de las redes a la Iglesia. Mientras tanto el Espíritu guía a la comunidad eclesial en la misión, conservando la comunión.
- Incidencia y vocación profética
Otra de las finalidades que atañen a las redes es amplificar y encontrar caminos para incidir en el rumbo de la humanidad sobre temas delicados como la megaminería, los monocultivos, la marginación de poblaciones indígenas y pequeños campesinos, la realidad y conflictos territoriales, llevando la voz de los territorios o de las periferias existenciales a los centros donde se toman las decisiones.
Esta es una de las misiones propias y más valiosas de las redes; se constituyen en espacios de participación, desde donde su puede acceder a presentar propuestas, siempre en interacción con organismos ya establecidos como las Conferencias Episcopales y otras instancias continentales, apoyados por agencias de cooperación internacionales.
El desafió que aparece en este ámbito es no “verticalizar” excesivamente la incidencia, apurando las presentaciones que se puedan hacer, desde un número pequeño de personas que tienen la posibilidad de participar de los foros internacionales. Ya el Papa Francisco advertía sobre la debilidad actual de la política internacional. Como reacción, proponía el “multilateralismo desde abajo”, que explicaba así: “Más que salvar el viejo multilateralismo, parece que el desafío actual está en reconfigurarlo y recrearlo teniendo en cuenta la nueva situación mundial. Los invito a reconocer que tantas agrupaciones y organizaciones de la sociedad civil ayudan a paliar las debilidades de la Comunidad internacional, su falta de coordinación en situaciones complejas, su falta de atención frente a derechos humanos” (LD 37). Entiendo que una red primero hay que encontrarse, conocerse, escuchar, ponerle palabras a las situaciones que se viven, discernir, generar narrativas que expresen la vida de los territorios. Ya esta experiencia sería invaluable y justificaría su existencia. De este intercambio entre las personas y las comunidades se va gestando la palabra que merece ser dicha en ámbitos más generales. Palabra que en determinadas ocasiones puede transformarse en gestos que cuestionan o cambian el rumbo de la humanidad en algún tema específico.
De este modo, esta voz que va ascendiendo, por decirlo de alguna manera circularmente, dialécticamente, se transforma en una voz profética, irrefutable, porque amasa el contenido de los territorios y sus sufrimientos. Sin dudas, las redes han nacido para representar una forma de profetismo en este tiempo tan fragmentado y plagado de conflictos.
Conclusión
Espero que estos pensamientos sean útiles para pensar y optimizar el camino de las redes, en especial a quienes hemos descubierto en ellas un modo profético de anunciar el Reino en este tiempo.
Resulta un desafío el encuentro, la comunicación, el diálogo, la dedicación de tiempo extra, ya que muchos participan en ellas de un modo voluntario. Pero no podemos desperdiciar esta inspiración que el Espíritu ha suscitado en la Iglesia.
Sus desafíos son fortalecer su identidad, con el conocimiento y participación de todos, discernir las realidades y conflictos de las periferias territoriales o existenciales e incidir, en un movimiento ascendente en instituciones internacionales desgastadas y con escaso poder de decisión. Si la misión de las redes, de cada red es clara, entonces podremos soñar con tiempos mejores, haciendo visible la presencia del Reino en el mundo.
Reconquista (Argentina), 28 de enero de 2026
+ Mons. Ángel José Macín
Obispo de Reconquista Coordinador Regional REGCHAG